La inteligencia analógica de Hamás se impone a la digital de Israel


 

Las Inteligencias israelí y estadounidense han quedado en evidencia, tanto como lo hiciera ésta última en 2001 al no tener ni idea de los atentados del 11-S. Israel no sólo es una potencia militar, también lo es tecnológica, pero ninguna de las dos circunstancias le sirvió para anticiparse al ataque de Hamás. A pesar de que su Unidad 8200 dentro de las Fuerzas de Defensa de Israel ha invertido miles de millones en Inteligencia Artificial (IA) con la que espiar cualquier comunicación en Gaza, la ofensiva le cogió por sorpresa.

Sobre el papel, no hay tráfico digital que salga de Gaza que la Unidad 8200 no monitorice, desde llamadas de teléfonos móviles, a mensajes de texto o correos electrónicos. Israel mantiene su foco posado constantemente en Gaza, tanto con drones como con cámaras de videovigilancia e imágenes vía satélite, hasta el punto de que hay estimaciones que hablando de que cada metro cuadrado del territorio es fotografiado cada diez minutos.

El volumen de información para procesar es tal que hacerlo manualmente sería inviable. Es precisamente ahí donde entra en juego la IA, que ya fue explotada en 2021 en la operación militar Guardián de los Muros, cuando Israel cargó contra Gaza durante once días. Aprovechando toda la información recopilada durante años, la Unidad 8200 desarrolló algoritmos y los entrenó con capacidades de aprendizaje automático. El objetivo era doble: seleccionar objetivos estratégicos y, además, anticipar cualquier acción de Hamás.

¿Qué falló entonces para que Israel fuera golpeado el pasado sábado de un modo tan contundente? Existen muchas especulaciones al respecto, incluida la que señala a un apagón digital de las comunicaciones de Hamás para eludir el escrutinio israelí, pero incluso siendo así, la IA habría tenido que detectar inmediatamente ese desplome de las comunicaciones. A fin de cuentas, una de las grandes bondades pregonadas de la IA es su extraordinaria capacidad para identificar patrones de comportamiento y detectar anomalías. No fue el caso en estos nuevos ataques.

De ahí se desprende que tal caída de comunicaciones no se produjera, al menos en cantidad, consiguiendo así Hamás burlar los sistemas de inteligencia de Israel. El contenido de las mismas, además, tendría que haber mantenido la misma línea, pero sin desvelar los verdaderos planes de Hamás. ¿Tan sencillo habría sido burlar el sofisticado entramado de IA desarrollado por la Unidad 8200? En cierto modo sí y, desde Gaza, habrían explotado al máximo la dependencia tecnológica en que se ha sumido Israel, no exenta de arrogancia al alardear de su sofisticación.

Hamás claramente jugó al engañó y ganó. Existe un gran caudal de vídeos en sus canales de Telegram, incluido uno en el que sus soldados parecen preparar una ofensiva en Cisjordania, no en la Franja de Gaza, desviando la atención. No es el único y siguen existiendo muchas incógnitas por resolver. Tan creíble fue el papel que interpretó bajo el radar de la IA israelí que sucedieron hechos que no se concebirían ni en un guio cinematográfico. Este es el caso de, probablemente, el más inexplicable: cómo tampoco alertó a Israel el vídeo detectado en las redes sociales de Hamás en el que se puede ver el entrenamiento del asalto a una recreación de una base militar israelí, en el que incluso se toman rehenes.

 

El bajo perfil que mostró Hamás, dirigiendo la mirada de la Tel Aviv a que sus principales motivaciones eran económicas, ha noqueado a la Inteligencia israelí, lo que ha enfurecido a los halcones el gobierno de Netanyahu y ha alentado la comisión de crímenes de guerra (ataques indiscriminados a civiles, bombardeo de hospitales y ambulancias, uso de fósforo blanco…) durante toda la semana.

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