De trabajo basura a educación basura

Ayer se hicieron públicas algunas de las líneas maestras de las reformas que quiere ejecutar el Gobierno en Educación. La medida más sonada es el recorte salvaje en el sistema de becas -incumpliendo promesas electorales, una vez más- al tiempo que se sugiere un incremento de hasta un 50% en las matrículas.  

Convertido el mercado laboral en un auténtico vertedero social, en el reinado de la precariedad, tocaba ahora el turno de la Educación, hoy más mercantilizada que nunca. Alumnos socializándose en los colegios en lugar de aprender y universidades abocadas a buscar financiación en el sector privado, sometiéndose a sus intereses. Ese es el espacio que nos dibuja este Gobierno.

La Educación es un derecho, no un servicio al que se pueda acceder en función de las posibilidades económicas personales. La supuesta revolución educativa que se nos ha querido vender en los últimos años es, en realidad, una involución. Si la educación primaria y secundaria terminará por convertirse en un servicio social para los más desfavorecidos, la Universidad será únicamente el departamento de innovación externalizado de la empresa. A eso nos lleva Bolonia y reformas como las del Gobierno, que condicionan la inversión de dinero público en Educación a que antes se haya puesto dinero privado, que mide el éxito de una Universidad, no por la sabiduría que imparte, sino por cuántos licenciados coloca en un mercado laboral basura.

Y por todo ello y hoy más que nunca, debemos protestar porque sino lo hacemos ahora, será difícil dar marcha atrás y con la misma facilidad con que el Gobierno ha pisoteado los derechos laborales que costó generaciones conseguir, perderemos el derecho a la Educación en favor del privilegio. Sólo los ricos tendrán enseñanza... privada.

Nota: Post avance del artículo que publicaré en el próximo número de Madrid15M.

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