Marruecos, impune torturador

(Anna Surinyach/MSF)
Aminatu Haidar, la activista saharaui pro derechos humanos, declaró ayer en la Audiencia Nacional contra las torturas y secuestros sistemáticos de Marruecos contra el pueblo saharaui. Su testimonio se encuadra dentro de la causa por genocidio en el Sáhara Occidental. Ese mismo día, la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) denunciaba el aumento de la violencia y vulnerabilidad de los migrantes subsaharianos en Marruecos. ¿A qué esperan España y la Unión Europea (UE) para actuar? ¿Cuándo dejarán de cambiar vidas humanas por sus negocios comerciales?

En ambos casos, tanto en las torturas señaladas por Haidar como en la violencia contra los inmigrantes denunciada por MSF, el problema viene de lejos y España y la UE han mirado para otro lado porque la dictadura de Mohamed VI es un socio comercial de excepción. Algunos dirán que también ayuda como tapón a la inmigración, pero hablamos de lo mismo, es una contrapartida comercial: "hacemos negocios juntos y yo (o sea, España) te mando inmigrantes para que hagas con ellos lo que quieras, pero no me los devuelvas"... cuando no son arrollados  y ahogados por una lancha de la Guadia Civil con el beneplácito de la Justicia.

Especialmente recomendables para ser conscientes de esto horror son la web Atrapados en Marruecos y el último informe de MSF Atrapados a las puertas de Europa. En ellos se ilustra a la perfección el infierno por el que han de pasar y no es la primera vez que lo hace. Han pasaso ya ocho años desde su primer informe y las autoridades y el Estado español hacen caso omiso de las señales de alarma. Sólo en 2012, MSF atendió a 1.100 personas con heridas con traumatismos importantes como fracturas de mandíbulas, brazos, manos, cráneos y piernas, causadas por la violencia directa de las fuerzas de seguridad.

Una violencia de la que la Guardia Civil también es cómplice en la frontera hispano-marroquí, como relata Traoré, inmigrante de 24 años: "La Guardia Civil me cogió y me entregó a los militares marroquíes, que me golpearon con una porra de madera al lado de la valla. Me pegaron en la cabeza. Intenté protegerme con la mano y me la rompieron. Me cogieron y me dejaron tirado en la carretera. La policía pasó, me vio y llamó a una ambulancia. Éramos por lo menos seis heridos".

Inmigrante golpeado en septiembre de 2012 (Susan Sandars/MSF)
Estas mismas autoridades que continúan con redadas policiales que destruyen las pertenencias de los migrantes, redadas de las que ha sido testigo de excepción MSF; que continúan expulsando a heridos, menores y mujeres embarazadas; que siguen sin poner solución a la crecientes violencia sexual que sufren principalmente las mujeres y niñas migrantes. Y es que en Marruecos, según la Ley 02-03, cualquier indocumentado es un criminal. Sólo en 2012, la ONG registró 191incidentes y más de 6.000 personas fueron expulsadas, entre las que por lo menos había 93 mujeres -18 de ellas embarazadas-, 45 menores, 35 niños y más de 500 personas necesitadas de atención médica por heridas asociadas a la violencia.

Aún así, los que logran subsistir en Marruecos escapando de la violencia policial, padecen la explotación laboral y unas condiciones de vida infrahumanas. Así, de 2010 a 2012 casi la mitad de los problemas médicos diagnosticados (5.233) fueron enfermedades estrechamente relacionadas con unas condiciones de vida deficientes, circunstancia que se ha agravado dramáticamente en el último año. A ello se suman cuadros de ansiedad (39%), depresión (34%) y problemas psicosomáticos (14%) porque, en contra de lo que los poderes parecen interpretar, los inmigrantes también tienen su orgullo y autoestima.

"Mendigar no es bueno. Es penoso, pero no nos queda otra elección porque si no, moriríamos de hambre en el bosque....Nunca hubiera podido imaginar que tendría que pedir limosna. Nunca”. Son palabras de Prince, inmigrante subsahariano de 32 años.

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