Ana Botella vende derechos constitucionales

(Rafa Albarran)
Los recortes sociales en la Comunidad de Madrid están alcanzando cotas inimaginables. Las arcas municipales y regionales están tan caninas que los dirigentes populares no han dudado en privar a los sectores más desfavorecidos de las viviendas sociales para venderlas a precio de saldo a fondos de inversión.

¿Es ésta la España que quieren, esa de la presumen por el mundo? Esto también es Marca España, aunque desde el PP se corra un tupido velo para no publicitar ni dar transparencia a estas vergonzantes realidades.

La Empresa Municipal de la Vivienda y el Suelo (EMVS) se ha cerrado en banda y no realiza declaración alguna, pero según publica hoy El Confidencial, el ayuntamiento de Ana Botella planea la venta de 18 edificios de viviendas de protección oficial (VPO) gestionados por la EMVS a diversos fondos de inversión que únicamente pagarían por ellas 30 o 40 millones de euros. Mientras, decenas de familias desfavorecidas se quedarán si acceso a una vivienda digna, viendo cómo la alcaldesa pone a la venta sus derechos constitucionales.

A finales del año pasado ya fue pública la venta de cinco edificios de vivienda social por 21 millones de euros a Renta Corporación, de la que curiosamente el marido de Dolores de Cospedal es consejero. Botella no es la única a la que no tiembla la mano vendiendo el techo de los más desfavorecidos: la Comunidad de Madrid también pone a la venta más de 9.000 viviendas al mejor postor. Cuanto más se necesitan este tipo de viviendas, más fuera del alcance están.

La que recientemente presumía en rueda de prensa de tener "una bandera de España en mi jardín", como el resto de sus colegas conservadores, parece tener claro qué país quiere: uno en el que una élite viva a cuerpo de rey a costa de una mayoría silenciosa a la que poder explotar. Diría que ya lo está haciendo, con sus casi 95.000 euros al año de sueldo, y que sus movimientos tan sólo se dirigen a aumentar y perpeturar su propio bienestar (y el de sus iguales).

Hace tan sólo unas semanas, tuve la oportunidad de hablar con Eloy, un joven treintañero español que no pudo soportarlo más y decidió emigrar a Londres. El muchacho ha conseguido un trabajo en una cafetería, 30 horas semanales, pagadas a 6,20 libras/hora. Apenas 800 libras en una ciudad en la que la habitación en la que vive en una casa con 12 personas más le cuesta 560 libras al mes, más unas 150 libras de transporte, le dejan para comer 90 libras al mes. "Trabajo para poder dormir y pagar el transporte para volver a venir a trabajar al día siguiente; nada más", me contaba.Y si un día llega tarde, en una ciudad como Londres donde día sí y día también se suspenden tramos enteros de líneas de metro sin previo aviso, le descuenta la mitad del sueldo del mes.

Eloy no fue de los que en España dejó los estudios por la construcción. Eloy fue un emprendedor que con otros tres amigos montó una productoraa de vídeo y fotografía, a la que tuvo que echar el cierre por los impagos de gente como Botella, esa que prometió una alfombra roja para los emprendedores y 14 meses después no hay ni un retal.

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