Ana Mato condena sin vacunas a sus hijos

(Ministerio de Sanidad)
Durante mucho tiempo los profesionales sanitarios han venido demandando un calendario unificado de vacunación para todas las Comunidades Autónomas (CCAA). Nunca ha sido posible, pero Ana Mato lo logrará.

Así figura en el orden del día del próximo Consejo Interterritorial del día 21, en el que aparece el "acuerdo de calendario único de vacunación en el Sistema Nacional de Salud". ¿El problema? Que lo hará a la baja, sacando del calendario obligatoria vacunas a las que hasta ahora el sistema público daba cobertura. Diga adiós a la prevención si usted no lo puede pagar.

La prevención es ahorro. Ésta ha sido una de las máximas de cualquier sistema sanitario, puesto que si se impide que se produzca la enfermedad, no serán necesarios posteriores tratamientos o, incluso, hospitalizaciones. Sin embargo, la visión de la ministra de Sanidad es bien distinta. Su ineptitud para el cargo que ostenta no sólo la lleva a aniquilar el sistema público de Sanidad sino que, además, todavía redundará en más gastos para el Estado.

Mato pretende homogeneizar los calendarios de vacunación de todas las CCAA a la baja, esto es, eliminando algunas de las vacunas que hasta ahora eran obligatorias y gratuitas de 12 a 8, como son las de tosferina en adolescentes o la hepatitis B en recién nacidos o bien retrasándolas, como la del VPH (Virus del Papiloma Humano) que salta de los 12 a los 14 años o la de la varicela, que dejará expuesto a sus hijos hasta los 12 años (ahora se aplica entre los 12 y lo 15 meses). Asimismo y como cabía esperar viendo este planteamiento, la vacuna del neumococo que ahora no se aplicaba en todas las Comunidades, pese a la demanda de todos los médicos, se quedará también fueras del calendario. Una vacuna que en el caso de Madrid, por ejemplo, era una de las banderas sanitarias de Esperanza Aguierre pero que fue eliminada del calendario en junio de 2012.

La medida se traduce en que sólo quienes puedan afrontarlo económicamente vacunarán a sus hijos. Los que no lo hagan, sufrirán de pleno el retroceso sanitario que está aplicando el Gobierno conservador del PP en todos sus frentes. Esta eliminación tira por tierra el esfuerzo realizado en el pasado en las estrategias de vacunación y, presumiblemente, incrementará la incidencia de enfermedades que ahora prácticamente eran residuales. La mejor prueba de ello son los pequeños brotes de enfermedades infantiles como varicela o sarampión vividos en algunos centros escoleres, cuyo origen se encuentra en alumnos inmigrantes en cuyos países de origen las estrategias de vacunación son inexistentes o similares al nuevo modelo Mato.

Unánse a las mareas blancas, no se queden en casa o la próxima vez que su pequeño esté en tratamiento para tratar una hepatitas B y evitar que se haga crónica terminando en cirrosis, se arrepentirá de no haberlo hecho. Hoy, incluso, es posible que su poder adquisitivo garantice las vacunas de sus hijos, pero quién sabe en el futuro: de la noche a la mañana, reforma laboral del PP mediante, se puede ver en la calle y, entonces, igual es tarde para luchar por lo que hoy nos arrebatan.

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