El estrés positivo que Wert no tiene


"Hay un estrés positivo. El sistema tiene que proporcionar alguna exigencia". Así justifica la nueva reforma educativa el ministro del ramo, José Ignacio Wert y, más concretamente, su sistema de reválidas que servirá para calificar, no sólo a los alumnos, sino también a los profesores.

"El alumno que tiene que tener unas metas u objetivos durante sus estudios", afirma el ministro. Y tiene toda la razón: su objetivo debe de ser el de aprender, cultivar la afición por la lectura, su gusto por el acceso al conocimiento. En lugar de eso, la Ley para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce) inocula en vena a los más pequeños el virus del capitalismo, el sistema de competencia en lugar del de solidaridad. Las reválidas de Wert no representan más que la semilla neoliberal de la competitividad, de tanto sentirse como demostrar la superioridad sobre el prójimo.

¿Dónde quedará el gusto por aprender? La respuesta es clara: en el mismo lugar que el gusto por enseñar. Tanto profesores como alumnos estarán sometidos a una presión que nada tiene que ver con el "estrés positivo" del que habla Wert. Más aún considerando que el entorno creado para que unos y otros desarrollen la educación no es el más idóneo, con aulas masificadas y profesores impartiendo asignaturas que no les corresponden debido a la dramática reducción de personal.

En estas condiciones y aún cuando uno estuviera de acuerdo con las reválidas de Wert, ¿cómo se pueden obtener buenos resultados si es imposible prestar la debida atención a los alumnos? Una desatención que todavía será más acusada en el caso de los estudiantes con más problemas, esos que antes recibían clases de apoyo personalizadas y que ahora se han quedado huérfanos de ellas. Y eso es algo que obvia intencionadamente el ministro cuando compara sus exámenes con otros similares que se hacen en nuestros vecinos europeos, esos cuyas ratios de alumnos por clase es muy inferior a las actuales en España tras la llegada del PP al Gobierno.

La reforma ideológica de Wert no trae consigo nada bueno y supondrá un nuevo retroceso en nuestro sistema educativo. En cierto modo, la Lomce cumple una doble función: recortar lo que el neoliberalismo considera un gasto (la educación pública) y no una inversión y, en segundo lugar, intentar alumbrar capitalistas en potencia desde su más tierna edad, para los que la Educación no sea un fin, sino un medio para generar riqueza. Un medio para intentar pertenecer a la élite económica o, al menos, situarse lo más arriba posible en la pirámide de la clase obrera que vive para trabajar en lugar de a la inversa.

Curiosamente, Wert también tiene su propia reválida: el barómetro del CIS, donde jamás ha aprobado. De hecho, con un 1,95, Wert es el peor valorado de todos. ¿Por qué él no tiene ese estrés positivo?

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