Merkel o el triunfo del miedo

Portada de Bild.

Angela Merkel no sólo ha cumplido todos los pronósticos sino que, además, los ha superado: victoria rozando la mayoría absoluta (41,5% de los votos), muy por encima de la segunda fuerza política, los socialdemócratas y su 25,7%. Así las cosas, todo indica que formará coalición con éstos últimos o los Verdes (8,4%), pues el mínimo de 5% de los votos para entrar en el Bundestag deja fuera a sus socios naturales, los liberales que retrocedieron hasta el 4,8%. Como tercera fuerza política quedaría la izquierda, con un 8,6% de los votos. La política del miedo ha triunfado.

Angie, como la llaman sus seguidores del CDU, se ha visto respaldada por un porcentaje que no se recordaba desde los tiempos de Kohl en las elecciones tras la reunificación y, como entonces, el miedo ha jugado un papel fundamental. Si Kohl instrumentalizó el miedo al comunismo de la RDA -siempre estuvo receloso de darle cabida en la UE-, Merkel ha esgrimido el miedo a que los derrochadores del sur de Europa se lleven el dinero alemán.

El mensaje de CDU ha sido claro: "nosotros somos los únicos capaces de velar por el dinero alemán. Cualquier otro en el gobierno despilfarrará las arcas alemanas con rescates a los vagos del sur de Europa". Y es que, aunque la política interior de Merkel no se puede calificar precisamente de triunfo -de hecho, es un mal ejemplo a seguir-, incluso los que peor lo están pasando no quieren ver cómo otros extranjeros se benefician de los impuestos alemanes.

Lo que parece que nadie ha explicado a esos ciudadanos alemanes que han visto crecer la desigualdad con Merkel, que se han descubierto con tres minijobs para llegar a fin de mes o trabajando después de jubilados, es que fueron los bancos alemanes los que más se beneficiaron de la burbuja inmobiliaria de países como España. En su lugar, Merkel ha preferido jugar la baza del miedo que, a fin de cuentas, es la mejor artillería con que ha contado jamás el neoliberalismo.

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