Cuando ya ni el factor 50 evita el riesgo de cáncer

Llega el verano y nos tiramos de cabeza a disfrutar del sol, en la playa, en la montaña, la piscina... pero, ¿sabemos protegernos correctamente? ¿Contra qué tenemos que protegernos? Pues fundamentalmente contra las radiaciones ultravioletas que podemos dividir en dos: los rayos UVB de corto alcance, que provocan eritemas y quemaduras, y los UVA de largo alcance, que provocan el envejecimiento prematuro y las reacciones alérgicas al sol. En ambos casos, nos encontramos ante las dos grandes amenazas que pueden provocar Asimismo, los rayos infrarrojos (IR) también pueden producir arrugas y flacidez de la piel, sin olvidar (aunque para esto la crema poco ayuda), que la luz visible de alta energía (HEV) puede provocarnos lesiones oculares.

Para protegernos nos confiamos a los efectos de las cremas solares que, desde que se inventaran durante la Segunda Guerra Mundial para proteger a los soldados, han evolucionado extraordinariamente. De la parafina se ha pasado a otros productos naturales aunque no podemos olvidar que, a una base de plantas, por ejemplo, le añaden hasta casi 40 ingredientes más para fabricar las cremas. Pues bien, hace cuatro años respirábamos más tranquilos cuando un grupo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) publicó los resultados de sus estudios a través de los cuales habían conseguido desarrollar un nuevo filtro solar, más eficaz frente a los efectos nocivos del sol.

La base del nuevo fotoprotector se componía de unas microesferas de silicio que, no sólo protegían de las radiaciones sino que, además, no provocaban ni irritaciones, ni reacciones alérgicas y, además, decían adiós a ese aspecto blanquecino lechoso cuando se extiende. La nueva fórmula del CSIC tenía la gran ventaja de proteger contra las radiaciones ultravioleta y, además, contra la radiación infrarroja, con lo que además de evitar sus efectos nocivos a largo plazo, se atenuaba el calentamiento de la piel gracias a su efecto termorregulador.

Sin embargo, la revista Nature acaba de publicar un estudio que pone en cuarentena los resultados anteriormente citados o, al menos, llaman a la cautela en lo que a exposición al sol se refiere. Así lo pone de manifiesto la investigación realizada por el Grupo de Oncología Molecular del Cancer Research UK Manchester Institute de la Universidad de Manchester, en la que ha participado la española Berta López Sánchez-Laorden, del Instituto de Neurociencias, centro mixto de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche y CSIC.

Según revelan, incluso un protector solar de factor 50, a pesar de proteger contra los daños inmediatos de la radiación como las quemaduras solares, puede permitir el paso de la radiación, lo que puede dañar el ADN de las células y provocar cáncer en último extremo.

 Las investigaciones realizadas en ratones descubrieron que las radiaciones solares alteran el comportamiento del gen p53, que actúa como barrera del organismo frente al cáncer, puesto que el que protege el ADN de las células. Y, en este caso, un factor 50 puede retrasar la aparición de melanoma, pero no evitarlo. Dicho de otro modo, ni siquiera el máximo SPF (Factor de Protección Solar) nos hace inmunes a las radiaciones, por lo que deberíamos evitar la exposición directa y prolongada a las radiaciones solares y, sobre todo, en las horas centrales del día.  

El etiquetado: ¿Qué debemos mirar?  

El SPF es el (Factor de Protección Solar) y, aunque existen varias graduaciones, se recomienda como mínimo el 30, si bien el máxim0 (para niños especialmente) es el 50. A lo que se refiere este SPF es a la protección que ofrece contra los rayos UVB.    

Lo más recomendable es una protección de amplio espectro, es decir que proteja tanto de las quemaduras solares, que son provocadas por los rayos UVB, como de las radiaciones UVA, que en último término son las que puedan dañar el ADN de nuestras células y derivar en un melanoma.
Por otro lado, nunca os fiéis del etiquetado de 'Resistente al Agua', pues es un tanto engañoso: con el agua, el producto pierde eficacia y, además, el agua actúa como efecto lupa y potencia las posibilidades de quemarnos. De hecho, en EEUU se prohibió hace años etiquetar de este modo.  

No olvides que los protectores solares también caducan y, por lo tanto, pueden provocar irritaciones en la piel o, lo que es peor, restar sus propiedades y, por lo tanto, que perdamos protección frente a las radiaciones solares. Encontrarás este tipo de símbolo que significa que, una vez abierto, no debe utilizarse más de 12 meses. Dependiendo del tipo de crema pueda variar el periodo, puediendo llegar a caducar hasta en 6 meses.

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