Al carajo con el Black Friday

Desde ayer,  no son pocos los que se han lazando a las tiendas y centros comerciales a celebrar el llamado Black Friday. Esta 'celebración' se instauró en el viernes siguiente al 4º jueves de noviembre. Una de las historias que escuché en cierta ocasión acerca de su origen es que en realidad viene dado por su coincidencia en EEUU con el día de Acción de Gracias (seguramente, somos tan absurdos, que no tardaremos en importar también esa tradición). Concretamente, en la ciudad de Filadelfia, donde con motivo de esa celebración, se congestionaba la ciudad con gigantescos atascos, lo que dejaba a los pequeños comercios sin clientes. De ahí que se le llamara Viernes Negro (los mismos policías lo bautizaron también así), pues sus ingresos caían estrepitosamente.

Esa historia, desde luego, me agrede menos que otra de las que he oído en alguna ocasión: el terminó Black Friday se acuñó porque antiguamente en EEUU, el día siguiente a Acción de Gracias, se vendían los esclavos con ofertas para afrontar el duro invierno en las plantaciones.

Siguiendo con la de historia de Filadelfia y con el fin de ponerle remedio a la situación, decidieron ofrecer incentivos a los clientes, no sólo de precios sino de otra naturaleza, como flexibilidad de horarios, más plazas de aparcamiento... Los resultados fueron positivos y la experiencia se ha ido extendiendo –y pervirtiendo- hasta tal punto que incluso ha llegado a nuestro país con una fuerza inusitada.

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