Las Olimpiadas del sexo

El reparto de preservativos para fomentar el sexo seguro entre los deportistas que acuden a los Juegos Olímpicos cada vez es menos noticia. Lo que sorprende es que la actividad sexual de los atletas en plena competición de élite vaya in crescendo. En el año 2000 volaron los 70.000 condones que se repartieron entre las diferentes delegaciones de los Juegos de Sidney, teniendo que ampliar en otros 20.000 casi como media de urgencia. En Atenas (2004), la cifra se incrementó hasta los 130.000 preservativos y, aunque en Beijing (2008) se bajó a los 100.000, en Londres (2012) se retomó la tendencia al alza con 150.000 condones.

Ahora, en Río 2016 se triplica el número de anticonceptivos, concretamente, 350.000 condones para hombres y otros 100.000 preservativos femeninos. No sólo eso, también se distribuirán 175.000 paquetes de lubricante. El exotismo brasileiro seguramente ha tenido que ver en este aumento, pero también el virus del Zika.

Quizás precisamente por este motivo los deportistas no son los únicos que se verán beneficiados de este reparto gratuito de condones, también el resto de la población. La diferencia respecto a otros eventos –los Carnavales de Río ya han visto cómo se distribuían 70 millones de preservativos- es que los condones olímpicos serán mucho más sostenibles.

La ‘culpable’ de este espíritu conservacionista es Natex, una fábrica situada en n Xapuri, una localidad en el estado amazónico de Acre  (norte de Brasil), al oeste de la Amazonia, ya prácticamente en la frontera con Bolivia. La diferencia respecto a otros preservativos convencionales es que éstos están fabricados con látex procedente de los árboles de caucho del Amazonas y, además, extraído por trabajadores que forman parte de un programa gubernamental para proteger los medios de vida tradicionales.

Este programa persigue expulsar de una vez por todas a los madereros ilegales, al tiempo que impulsar el uso sostenible de la selva tropical. Son los propios trabajadores que extraen el caucho los que se han convertido en guardianes de los bosques tropicales. A fin de cuentas, la fábrica Natex, conocida como ‘la fábrica del amor’, y el programa del Gobierno les ha traído un medio más seguro de vida.

Por un lado, Natex ha conseguido emplear a cientos de trabajadores (aunque este mismo mes al menos 30 trabajadores denuncia retrasos en el pago de su sueldo, atribuyéndolo a los últimos casos de corrupción), garantizando un precio justo para el caucho –pagan el caucho a cerca de un 270% más que el precio de mercado-  y, además, se ha dado un paso de gigante contra la deforestación. Una deforestación, por otro lado, que como venía provocada por la tala ilegal para favorecer la ganadería, la propia extracción maderera o el impulso del cultivo de la soja, generaba conflictos, incluso muertes, entre los trabajadores del caucho y los ‘deforestadores’. Hay casos registrados, incluso, del pago de asesinos a sueldo como represalias contra quienes protegen la Amazonia.

Natex fue creada en 2008, cien por cien financiada por el Gobierno brasileño (unos 120 millones de dólares) e impulsada por el entonces presidente Lula da Silva. Entonces, Brasil importaba alrededor de 1.000 millones de condones al año. En la actualidad, la fábrica sostenible está produciendo anualmente alrededor de 100 millones de preservativos –todos destinados al ministerio de Salud-, lejos de cubrir la demanda interna, pero sin dudas una cifra nada despreciable; sólo para las Olimpiadas de Río 2016, Natex distribuirá 9 millones de condones de manera gratuita. Condones –o ‘camisinhas’, como se dice allí- además, que al estar fabricados con látex nativo son de una elasticidad y resistencia muy superiores a los del látex cultivado, importado sobre todo de Malasia, según los responsables de Natex.

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