El mundo envejece, con Europa a la cabeza

 


El envejecimiento de la población no es un problema exclusivo de España; está sucediendo en todo el mundo, a medida que la tasa de natalidad se desploma y la esperanza de vida aumenta, que de media ronda los 73 años. Utilizando los últimos datos facilitados por la ONU en 2020, casi el 2% de la población mundial, esto es, 147 millones de personas, se mueve en la horquilla de los 80 y 99 años. En 1950, ese mismo grupo demográfico tan sólo representaba el 0,05%.

Así las cosas no sorprende que las propia ONU considere que el envejecimiento de la población vaya camino de convertirse en una de las transformaciones sociales más significativas del siglo XXI. Su impacto alcanza a la práctica totalidad de los sectores de la sociedad, incluidos los mercados laborales y financieros, así como a la demanda de bienes y servicios, como vivienda, transporte y protección social.

Para 2050, cuando se espera que la población mundial ronde los 10.000 millones, las previsiones indican que una de cada seis personas (16%) tendrá más de 65 años. El salto es exponencial considerando que en 2019 la proporción era de 1 de cada 11 (9%). Con su elevada tasa de natalidad, África ayuda a bajar la media, porque lo cierto es que si miramos a Europa y Norteamérica, ese grupo demográfico representará el 25% de la población en 2050.

Si analizamos las previsiones que se recogen en las ocho regiones de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la África subsahariana destaca como la que representará la mayor parte del aumento de la población mundial a lo largo del siglo. Tanto es así que más de la mitad del aumento mundial previsto de cerca 2.000 millones de personas adicionales entre 2020 y 2050 procederán de países del África subsahariana; escalando esta proporción al 90% entre 2050-2100. Y es que, si en el mundo existen unos 54 países que tienen una tasa de crecimiento anual dos veces más rápida que la tasa media mundial proyectada para 2020-2050, 41 de estos países (tres cuartas partes), se encuentran en el África subsahariana.

Las diferencias respecto a Europa y Norteamérica son abismales. Si de media se espera un aporte anual de entre 23 y 38 millones de personas de los países subsaharianos, en las otras dos regiones combinadas no se espera crecimiento alguno. Países como Nigeria, RD del Congo y Tanzania, junto con Etiopía, India, Indonesia, Pakistán, y Egipto van a jugar un papel esencial en el crecimiento de la población mundial hasta 2050. Se trata de países en vías de desarrollo con ingresos medios bajos y donde se registran grandes desafíos como son la escasa alfabetización y los altos niveles de fertilidad pero con una alta mortalidad materna.

Aunque Latinoamérica y el Caribe van a seguir creciendo hasta 2050, en la segunda mitad de siglo entrará en una senda decreciente, algo que en el caso de Europa ya está comenzando a suceder. Según los últimos datos del INE, la población en España ronda los 47,3 millones de personas. Con los datos procesados del primer semestre de 2021, el número de habitantes cayó en algo más de 72.000, lo que supone la primera vez que se reduce la población desde 2016. Durante los seis primeros meses del año no sólo murieron más personas (227.920) que nacieron (157.184), sino que el saldo migratorio prácticamente fue nulo (201.638 inmigraciones procedentes del extranjero frente a 202.004 emigraciones con destino al extranjero).

Según algunas proyecciones, este descenso de población podría convertirse en una tónica habitual de modo que para 2050 la población apenas superaría los 43,6 millones de habitantes, es decir, cerca de 8% menos. El INE, en sus últimas proyecciones –en 2020, es decir, previas al descenso de población del año pasado-, no era de esta opinión, calculando que España ganaría casi un millón de habitantes en los 15 próximos años y más de tres millones hasta 2070 si se mantuvieran las tendencias demográficas registradas hasta 2020. Para llegar a esas estimaciones, el INE indica un punto de inflexión en la tasa de natalidad hacia 2027. Si bien es cierto que hasta ese año el número de nacimientos continuará desplomándose, sus previsiones apuntan a que el número de hijos por mujer vivirá un ligero repunte: si ahora rondamos 1,23 hijos por mujer para 2034 podría elevarse a 1,31.

Con estas perspectivas, con las que vemos que a medida que los países se hacen más ricos, la tasa de natalidad cae, la migración puede ser un elemento mitigante. Y es que, precisamente quienes no se espera que crezcan en las próximas décadas, esto es, Europa y Norteamérica, son quienes acogen más migrantes del mundo. A fin de cuentas y en términos generales, los países de altos ingresos albergan a casi dos tercios de todos los migrantes internacionales.

Según datos de la ONU, la cantidad de personas que viven fuera de sus países de nacimiento alcanzó los 281 millones en 2020 a nivel mundial, un aumento de 108 millones respecto de la cantidad en 2000. Pues bien, alrededor de dos tercios de los migrantes internacionales se concentran en solo 20 países, con EEUU como el país de destino más grande, seguido de Alemania, Arabia Saudí, Rusia y Reino Unido. Por su parte, alrededor de un tercio de todos los migrantes globales procedieron de únicamente 10 países, con India a la cabeza de ellos, seguido de México, China Rusia.

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