El año electoral que nunca quiso Moreno Bonilla
Iniciamos un 2026 electoral con la incógnita de si se celebrarán o no elecciones generales, pero con la certeza de que Andalucía sí acudirá a las urnas. El presidente Juan Manuel Moreno Bonilla (PP) no lo hará del modo que él había imaginado, esto es, disfrutando de una mayoría absoluta holgada que le permita seguir aplastando con su rodillo parlamentario cualquier iniciativa de la oposición.
La última victoria de Moreno Bonilla no pudo saberle mejor. Obtuvo una mayoría absoluta, confirmándose como uno de los pesos pesados del PP nacional y, además, reescribiendo la Historia. En la noche electoral ondearon casi más banderas de Andalucía que de España, lo que evidencia la amnesia selectiva de sus votantes, que de la noche a la mañana han olvidado que la derecha que representa Moreno Bonilla nunca ha estado al lado del andalucismo.
Esa estampa podría repetirse, cierto, pues las encuestas continúan dando como virtual ganador al PP, pero no con la misma intensidad. La nueva cita electoral barrunta una pérdida de apoyos que, inevitablemente, abocarán a Moreno Bonilla a depender una vez más de Vox. ¿Qué ha provocado este retroceso? A la cabeza, la Sanidad Pública, cuyos niveles de satisfacción ciudadana están en mínimos históricos, precisando veinte días para una cita en Atención Primaria y disparando la contratación de seguros privados por encima de las 600.000 personas.
Moreno Bonilla confiaba poder seguir capeando ese temporal con la misma fórmula que acostumbra a usar el PP: destacando la inversión en Sanidad sin precisar que buena parte de ese dinero termina en las arcas de las compañías privadas, a las que van y de las que vienen amiguetes del partido. No contaba el presidente con que le estallaría el escándalo del cribado de cáncer de mama, que se ha cobrado la vida y ha derivado en cáncer de decenas de mujeres. También en este caso aplicó el manual del PP y, en lugar de asumir errores, los negó y criminalizó a las víctimas, incluso, menospreciando sus vidas al reducirlas a una hoja de cálculo electoral.
La Sanidad no es el único frente que está pasando factura a Moreno Bonilla, también la exclusión social que se vive en Andalucía, que ve cómo ser motor turístico no es sinónimo de prosperidad de la clase trabajadora que mueve ese motor. Un problema que se ve acentuado por la crisis habitacional que sufre España y, muy especialmente, Andalucía como consecuencia, en gran medida, de la turistificación. Moreno Bonilla –y sus alcaldes- no sólo no ha puesto freno a la especulación y a la eclosión desmesurada de apartamentos turísticos sino que se ha declarado insumiso a la Ley de Vivienda estatal, pese a haber perdido su recurso ante el Tribunal Constitucional. Por si esto no fuera poco, su Ley de Vivienda para Andalucía se sustenta únicamente sobre más ladrillo, sin intervenir en los precios.
En cuanto a la Educación, Moreno Bonilla no es ingenuo y también contaba con tener este frente abierto; no puede ser de otro modo cuando asfixia económicamente a la Universidad Pública mientras concede barra libre a la privada. En sus cálculos preveía poder reducirlo a la cantinela de la izquierda de todas las elecciones, tachando de partidistas las nutridas manifestaciones, y regando con millones de euros a la educación concertada.
Con lo que no contaba Moreno Bonilla es con que los casos de corrupción le amargaran el fin de año y, además, le pasaran factura. Escándalos como el de la Diputación de Almería, con uno de sus hombres de confianza cercado por los informes de la UCO, o más recientemente la vinculación de otro de sus altos cargos con una empresa clave de la trama del expresidente de la SEPI, hacen pupa. Aunque en 2018 y con sentencia que sirvió de aval, una moción de censura desalojara a M. Rajoy de La Moncloa, lo cierto es que, históricamente, el PP no ha acusado electoralmente su corrupción… hasta ahora. Los y las votantes del PP volvían a confiarle religiosamente su voto, aunque hubiese quedado demostrado su desfalco a manos llenas. En ese sentido, el electorado de izquierda, como se ha comprobado en Andalucía, castiga más la corrupción. ¿A quién votar si no, al PSOE que les revuelven las entrañas o a los piojosos comunistas a la izquierda del PSOE? Ahora, en cambio, sí hay alternativa de derecha, Vox, escindida del mismo PP y que da rienda suelta a las pulsiones más despreciables de la derecha.
Moreno Bonilla es consciente de la sangría de votos que se le puede ir a Vox y su cuartilla de programa electoral y, precisamente por ello, hace meses que lleva entonando el mantra de que la única opción estable es dar la mayoría absoluta al PP. La estrategia podría haberle funcionado si en Extremadura no se hubiese producido una ‘victoria-fracaso’ de su compañera María Guardiola, que adelantó elecciones para no depender de Vox y hoy tiene más dependencia que antes.
Por si esta situación no fuera poco, el propio líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, acaba de torpedear el argumentario de Moreno Bonilla al relajar sus ya de por sí tibias reservas hacia Vox. El gallego se sabe, de un modo otro, en manos de Santiago Abascal en varios territorios -Extremadura, Castilla y León, Aragón, Murcia, Islas Baleares…-, con las generales a la vuelta de la esquina y no puede ya lanzar la batería de reproches de antaño contra la formación de extrema-derecha. Lejos de hacerlo, y Badalona y Sevilla son buenos ejemplos de ello, adopta las mismas políticas.
Así pues, 2026 no comienza como Moreno Bonilla hubiera deseado salvo por un detalle: el PSOE y su candidata Mª Jesús Montero sigue sin enamorar, ni siquiera, a su propio electorado y la esperanza de la izquierda a la izquierda concurrirá a las urnas fragmentada y peleada. Para unos y otros, incluido el popular, restan muy pocos meses para enderezar el rumbo, pero ojo, que aún puede ir a peor.
(Artículo en Público)
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