La corrupción y sus quemaduras de tercer grado

 La VPP de Alacant, el Residencial Les Naus (Playa de San Juan) - Joaquín Reina / Europa Press

Cuando todavía la ciudadanía no ha terminado de encajar la desfachatez de la trama de VPP (Vivienda de Protección Pública) en Alacant, esta semana la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil ha detenido a cinco personas por un nuevo pelotazo urbanístico en el que ha estado implicada la Empresa Municipal de la Vivienda de Sevilla (Emvisesa). El primero de los casos lleva adosado las siglas del PP, el segundo las del PSOE. La paciencia social tiene un límite y sorprende que éste no se haya rebasado hace tiempo.

El escándalo de Alacant ha destapado un entramado por medio del cual cargos del PP y altos funcionarios fueron adjudicatarios de unas VPP para las que no cumplían los requisitos. Se trata de viviendas a la medida de la trama, tanto por su situación, como por su equipamiento y precio de venta en propiedad. Todo un despropósito, acrecentado por tratarse de la primera promoción de VPP en dos décadas.

El caso sevillano afecta al que fuera jefe de gabinete del delegado del Gobierno en Andalucía (PSOE) y a su mujer como principales beneficiarios de un pelotazo urbanístico. Según las investigaciones realizadas por la Guardia Civil, el matrimonio habría conseguido devaluar un solar público de más de diez mil metros cuadrados después de que éste le fuera adjudicado, tras haber sido la única oferta presentada a la licitación para su concesión pública en 2016 por un periodo de 40 años. El modus operandi fue subarrendar los terrenos a otras dos empresas, lo que propició que nadie quisiera adquirir los terrenos. Finalmente, en septiembre de 2024 Emvisesa consiguió desprenderse de la parcela por 1,7 millones de euros a una sociedad a nombre de la mujer del socialista que, cinco meses después, la vendió por 3,9 millones de euros. Jugada redonda.

En este punto, podría asegurarse sin temor a errar que, incluso más indignante que los hechos en sí, es el modo tan burdo en que se han ejecutado. Siempre es duro encajar que a uno le estafen, pero aún más lo es cuando quien lo hace no apunta precisamente a una astucia envidiable, como parece en el caso de Alacant.  Pensar que siendo concejala de Urbanismo nadie va a sospechar de ser adjudicataria de una VPP, como poco, hace dudar a cualquiera con dos dedos de frente de la agudeza mental de la susodicha.

El caso del pelotazo urbanístico en Sevilla es más sofisticado, pero reproducido en tantas ocasiones en la historia reciente de España, que termina siendo básico. La implicación de la Empresa Municipal de la Vivienda de Sevilla resulta especialmente lacerante para una sociedad que padece una situación de emergencia habitacional. Mientras una pareja pierde cualquier ventaja fiscal si vende su primera vivienda antes de los tres años porque en ese periodo se haya roto la relación, en este pelotazo ni cinco meses esperaron para embolsarse casi 2,2 millones de beneficio. Y aquí no ha pasado nada, debieron pensar. ¿Tan estúpido/ingenuo se puede ser?

La alternativa no es mejor, pues pasaría por que quienes cometen estas tropelías consideran idiotas de remate a las autoridades, oposición y ciudadanía en general. Esa opción todavía hace hervir más la sangre a la opinión pública, que ve cómo defraudan continuamente personas asociadas a los dos principales partidos políticos, PP y PSOE, que son a fin de cuentas los que tienen mayor experiencia de gobierno.

Los casos de corrupción se amontonan en los juzgados, cuyos tiempos se dilatan tanto que, siendo honestos, hacen perder enteros al concepto de justicia en el imaginario público. A pesar de ello, la condena pública que podría materializarse en una de las pocas vías de participación que se le brinda a la ciudadanía, esto es, las urnas, tampoco se percibe, especialmente en la margen derecha. ¿Qué está sucediendo? ¿Cómo siguen creciendo electoralmente, incluso, formaciones salpicadas por el escándalo de la apropiación indebida de donaciones para la DANA?

España ha sufrido una sobresaturación de corrupción y está quemada, tanto que no se trata de una ligera quemazón, sino de lesiones de tercer grado que han achicharrado las terminaciones nerviosas. De otro modo, es difícil entender que no se produzcan movilizaciones sociales más ‘intensas’ –por utilizar un término diplomático- o que el sentido del voto no apunte a quienes, cuando han rozado el poder, han demostrado que sus políticas se encaminan a la justicia social.

Cuando se producen quemaduras de tercer grado es preciso desbridar el tejido necrótico y evitar a toda costa las infecciones. Es tarde para eso, porque la infección parece ya haberse producido. Como sociedad en conjunto, España ha fallado en materia de prevención, ojalá no lo haga a la hora de abordar la infección, porque si también yerra en eso, no habrá injerto de piel que sirva. La necrosis se extiende, entendiendo como tal el avance de las derechas, cuya mochila de corrupción es demasiado pesada. Reemplazar el tejido dañado con otro infectado (PSOE) es arriesgado y así lo constata la fiebre latente. Así las cosas, a la izquierda se vislumbra un horizonte antibiótico que podría barrer con todo eso, pero no con principios activos de amplio espectro, como se ha aplicado hasta ahora (la izquierda fracturada y peleada), sino con preparados más específicos cuya acción unificada tenga un impacto real en el bien común.

(Artículo en Público

Previous Post

Sin comentarios