EEUU se estrella con su estrategia de drones
Los drones han cambiado drásticamente el desarrollo de las guerras. Lamentablemente, lo vemos en el Sáhara Occidental, donde los drones de fabricación israelí amenazan al pueblo saharaui desde que Marruecos rompió el alto el fuego en 2020; y lo hemos podido comprobar en la guerra de Ucrania, con labores de reconocimiento y ataque por parte de ambos bandos. Ahora, tras los ataques ilegales de EEUU e Israel, asistimos a la amenaza de Irán de bloquear durante meses el estrecho de Ormuz con drones. En este contexto, EEUU hace aguas: a los problemas de escasez de munición antiaérea, denunciados por el Pentágono, se suma la desventaja del régimen de Trump en la producción de drones a gran escala.
Según un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, China vuelve a dar sopas con honda a EEUU en lo que a producción de drones se refiere. Las cifras que detalla revelan que Pekín no sólo acapara el 90% de la producción mundial de drones, sino que también domina la fabricación de componentes esenciales. La versatilidad de este tipo de drones permite utilizarlos en el frente y, de hecho, Ucrania es una buena prueba de ello. Aunque es muy complicado precisarlo con exactitud, algunos expertos se aventuran a hablar de cerca de 10 millones de drones utilizados en esta guerra sólo en 2025, prácticamente repartidos al 50% entre Rusia y Ucrania.
Sencillamente, estas aeronaves no tripuladas han cambiado las reglas del juego. Fabricarlas no alcanza ni los 50.000 dólares y abatirlas alrededor de 3 millones. Dicho de otro modo, aunque no alcancen su objetivo, el desgaste que supone para las defensas es una victoria, tal y como está demostrando Irán estrangulando aún más la economía estadounidense. En los casos en los que alcanzan su objetivo, el retorno es aún mayor, como demostró Ucrania en su Operación Telaraña el pasado verano, cuando con drones a los que se atribuye un valor de unos 120.00 dólares destruyó activos rusos por valor de más de 7.000 millones, incluido el 30% de su flota de bombarderos estratégicos.
¿Qué ha sucedido para que EEUU haya cometido este fiasco estratégico? Como en tantas otras áreas industriales (informática, vehículos eléctricos…), China ha jugado sus bazas sigilosamente, generando dependencias o poniendo mucha tierra de por delante de sus competidores, haciendo que la compañía china DJI sea el mayor fabricante de drones del mundo. Un hecho, por otro lado, ante el que la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) habría tomado medidas el pasado diciembre al incorporar a DJI y otros drones y componentes fabricados en el extranjero a su Covered List, restringiendo su venta e importación.
La inquietud por este déficit le viene de lejos a la Casa Blanca y, de hecho, en agosto de 2023 el Departamento de Defensa (DOD) alumbró la iniciativa Replicator con la intención de desplegar miles de sistemas no tripulados para agosto de 2025 y superar la producción china. Sin embargo, la iniciativa es tan opaca, tanto en el ámbito clasificado como en el no clasificado, que en diversas ocasiones los congresistas han denunciado lo difícil que les resulta obtener información sobre el programa, habiendo solicitado al DOD más detalles sobre sus capacidades, sistemas y conceptos operativos.
Esta falta de transparencia, las hemorragias presupuestarias que ha provocado Replicator, cuestionando si menoscababa otros programas más críticos, y los problemas evidentes que sufre la Administración estadounidense tanto en su cadena de suministro como en la capacidad de producción hacen pensar que Replicator no ha conseguido ser la realidad industrial con que fue concebido.
Tanto es así que a finales del año pasado, el secretario del Ejército, Daniel Driscoll, anunciaba la intención del EEUU de comprar al menos un millón de drones en los próximos dos o tres años, multiplicando las adquisiciones en los años posteriores. Para dimensionar los problemas a los que se enfrenta la Administración Trump basta pensar que en la actualidad la rama más grande de su ejército adquiere solo alrededor de 50.000 drones al año mientras que la capacidad de producción de drones de Irán es de cerca de 10.000 al mes.
Otro de los impulsos para paliar sus carencias militares en esta materia llega por el lado de SkyFoundry, un programa piloto con el que EEUU persigue crear su propio mercado nacional de drones, según apuntó en octubre del año pasado el subsecretario del Ejército, Michael Obadal. Para ello, incluso, se encuentra en proceso legislativo la SkyFoundry Act, con el senador republicano por Texas Ted Cruz como uno de sus impulsores.
Al millón de aeronaves que Driscoll dice que comprará EEUU habría que sumar la producción de otro millón de drones al año que barrunta Cruz, si bien es cierto que las estimaciones iniciales apuntan a una producción de unos 10.000 al mes cuando tengan la primera fábrica y de 20.000 al mes a medida que en los siguientes años cuenten con más instalaciones. Se habían marcado este mismo año para comenzar con ese volumen de producción, pero hasta la fecha no hay noticias de los progresos.
La clave para sacudirse la dependencia actual de China será la colaboración público-privada, con una elevada participación de la producción aditiva, es decir, la impresión en 3D para fabricar piezas que ahora llegan de Oriente. Sin embargo, eso no resolverá el problema de las baterías de iones de litio, puesto que la empresa china Amperex Technology Company es el mayor fabricante de baterías por capacidad. Está por ver si, visto en perspectiva, EEUU comete otro fiasco como con Replicator.
(Artículo en Público)

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