El día que EEUU amañó su victoria sobre Irán en una simulación

 Soldados estadounidenses saludan en un aeropuerto de Texas. - Reuters /Ken Cedeno

La guerra ilegal que EEUU e Israel han llevado a Irán siembra, incluso entre expertos militares, una sensación de improvisación absolutamente impropia de una acción de este calado. La frivolidad con que hablan de sus matanzas a través de videojuegos o el modo en que le pasan los partes de guerra a Donald Trump, en vídeos de no más de dos minutos en formato TikTok, pone los pelos de punta. La Casa Blanca parece hacerse trampas al solitario y no es la primera vez que actúa así. En la Historia más reciente, otro republicano, George W. Bush, también se enredó con las simulaciones para autoengañarse.

Trump se aparece ante la opinión pública como un títere manejado por Benjamin Netanyahu, hasta el punto de que sus propios seguidores ironizan con Israel First en contraposición al America First que ha popularizado el republicano. Mientras el primer presidente convicto de EEUU quiere quitar hierro a otro más de sus incumplimientos y habla de “excursión en Irán”, la realidad es que, sólo en términos económicos le costó a su país más de 11.300 millones de dólares en los primeros seis días, según una estimación que el Pentágono compartió con el Congreso.

No es la primera vez que la Casa Blanca es testigo de esta actitud pueril de autoengaño. En 2002, la Administración Bush llevó a cabo un ejercicio de guerra llamado Millennium Challenge 2002 (MC02) que simulaba el ataque a un país del Golfo Pérsico, en concreto, a Irán en el año 2007. En cierto modo, era un ensayo general para otra guerra ilegal, la de Irak de 2003. El juego de guerra se desarrolló durante dos años e involucró a 13.500 personas, combinando fuerzas en vivo y simulaciones por ordenador. Se ejecutó del 24 de julio al 15 de agosto de 2002 y costó 250 millones de dólares.

El teniente general Paul Van Riper fue el encargado de comandar al ejército iraní en esta simulación y optó por huir de la sofisticación. A tal punto planteó así su estrategia que en lugar de comunicaciones electrónicas que pudieran ser interceptadas por EEUU utilizó mensajeros en motocicleta y envió órdenes intercalando palabras clave en la llamada a la oración de los muecines. Así burló a la Inteligencia estadounidense.

No le fue mal a Van Riper, porque ante un ultimátum de 24 horas por parte de la Casa Blanca (¿les resulta familiar?), utilizó una flota de pequeñas embarcaciones para detectar la posición de la flota estadounidense y, una vez localizada, lanzó un ataque masivo que destruyó 16 buques de guerra, un portaaviones, diez cruceros, y cinco de seis buques anfibios, dando muerte a más de 20.000 militares en servicio.

Todo sucedió, claro está, en la simulación por ordenador. Y ahí llegó el autoengaño, dando al traste con el objetivo de una simulación, pero colmando algunos egos. El Pentágono reflotó milagrosamente todas las naves de su flota hundidas y ordenó al ejército iraní que se retirara para permitir el desembarco de tropas (la excursión con la que todavía sueña Trump). Incluso, el bando iraní fue obligado a revelar muchas de sus posiciones para que a los marines no les costara atacarlas.

Tan amañado estuvo el ataque que cuando Van Riper pidió usar armas químicas para recrudecer la simulación, se lo prohibieron. Entonces, este teniente general las movió de ubicación, haciendo la ofensiva americana más compleja, pero el Pentágono no tardó en reprogramar la simulación para que el control de esas armas pasara a manos estadounidenses, destruyéndolas después. Así de fácil.

El informe oficial maquilló los resultados de lo que el Departamento de Defensa calificó como "el mayor experimento militar conjunto jamás realizado por EEUU". Lo presentó como una gran victoria estadounidense cuando, en realidad, la simulación perdió todo su sentido con tal nivel de amaño. El informe de Van Riper así lo reveló, aunque éste estuviera guardado en un cajón, clasificado, durante dos décadas.

The Washington Post lo sacó a la luz en octubre de 2024, dejando en evidencia al Pentágono y su afán por realizar una simulación cuyo resultado estaba predeterminado. Haber mantenido clasificado el informe de Van Riper no sólo privó a la opinión pública de conocer la verdad sobre Millennium Challenge 2002, sino que, tal y como informó el Post, enterró sus advertencias sobre las vulnerabilidades militares ante tácticas no convencionales que fueron explotadas años después por los enemigos en conflictos reales en Irak y Afganistán.

Tiende a pensarse que en la actualidad, con la incorporación de la Inteligencia Artificial (IA), las simulaciones están mucho más presentes en el ámbito militar, pero éstas llevan décadas programándose y, además, con inquietantes similitudes con escenarios futuros. En un artículo de 1995 en la revista MERIP (Middle East Research and Information Project), su autor William M. Arkin relató cómo en 1992 el ejército de EEUU simuló un escenario, situado en 2002, en el que Saddam Hussein había sido asesinado e Irán, como potencia regional dominante, invadía Kuwait y Arabia Saudí, controlando el precio del petróleo.

Imaginen: año 1992 y este juego de guerra planteó que Irán lanzara misiles de crucero y ataques aéreos contra Arabia Saudí y las otras monarquías del Golfo y cerrara el estrecho de Ormuz. Entonces, la conclusión fue que el ejército estadounidense podría derrotar a Irán, contemplando como única complicación la posibilidad de que se produjera un conflicto simultáneo en la península coreana.

Tres años más tarde (1995) se llevó a cabo otro ejercicio de realidad virtual, proyectando un ataque iraní contra sus vecinos del Golfo Pérsico en el año 2015. Armado con entre 20 y 30 ojivas nucleares, misiles balísticos de alcance intermedio y misiles de crucero, la simulación planteaba una crisis de 25 días previa a los ataques, en la que cierra el estrecho de Ormuz cobrando peaje. Finalmente, Irán lanzaba un ataque coordinado con misiles de crucero contra objetivos militares contra Emiratos Árabes y Bahréin, provocando graves daños en la refinería de petróleo cercana a Dubái.

Aterra pensar en las simulaciones que estará llevando a cabo el Pentágono en pleno siglo XXI, máxime con Trump durmiendo en la Casa Blanca. 

(Artículo en Público

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