Las sorpresas del CIS andaluz
Esta semana se ha publicado la encuesta de la Fundación Centro de Estudios Andaluces (CENTRA), conocida como el CIS andaluz, que sitúa a Juan Manuel Moreno Bonilla al borde de revalidar la mayoría absoluta. Más allá de la intención de voto -el trabajo de campo se realizó antes de conocerse la fecha del 17 de mayo para las próximas elecciones-, leer la letra pequeña de este barómetro resulta tan interesante como desconcertante, poniendo en cuestión hasta qué punto es útil la encuesta para conocer la realidad andaluza.
Según el CIS andaluz, los tres principales problemas a los que se enfrenta Andalucía y, además, los que sus habitantes consideran que les afectan en primera persona son la Sanidad, el acceso y el precio de la vivienda y la falta de trabajo. En los tres casos superan con creces cualquier otro problema y, paradójicamente, los tres son competencia directa del Gobierno andaluz. A pesar de ello y de acumular a sus espaldas dos legislaturas, Andalucía considera que el PP es el partido que mejor respuesta le puede dar, algo que no ha conseguido en ocho años.
En este capítulo de principales problemas para Andalucía encontramos que la okupación, tan presente en el discurso del PP, ocupa el puesto número 40, muy por detrás, por ejemplo, de la consideración del Partido Popular como problema, situado en 24º lugar, o del Gobierno de la Junta, en décimo puesto frente al Gobierno de España, en el puesto 41. Da qué pensar.
Por otro lado, el hecho de que el barómetro agrupe en la misma respuesta tanto a la inmigración en general como a la inmigración ilegal evidencia su tufo xenófobo y torticero. Es exactamente lo mismo que si equiparara en la misma respuesta políticos/políticos corruptos o a empresarios/empresarios explotadores. Sugiere una intencionalidad que desacredita el resultado y su credibilidad.
En cuanto a la situación económica de la población andaluza, si bien es cierto que va muy en línea de informes de Cáritas que advierten que cerca de una cuarta parte vive en exclusión (unos dos millones de personas), el CIS andaluz afirma que sólo el 16,8% de los habitantes considera que su calidad de vida es mala o muy mala.
Al mismo tiempo, es llamativo que más de un 58% asegura que su situación económica es buena o muy buena, así como que más de la mitad ya estaba en las mismas condiciones un año antes. Tan sólo un 15,8% reconoce que su estado económico no es ni bueno ni malo.
Todo ello en un contexto en el que casi el 92,5% afirma que el coste de vida en Andalucía ha subido algo o mucho en el último año. Las incongruencias en este capítulo hacen descartar la validez de las respuestas, pues el combustible es capaz de ocupar la tercera posición en lo que ha subida de precios se refiere y, al mismo tiempo, ser el cuarto producto que menos ha subido. Incomprensible.
En todo caso, la desigualdad es más que evidente e irá a más, haciendo bueno el dicho de que, a río revuelto, ganancia de pescadores. Aunque un 43,2% considera que la economía andaluza irá peor o mucho peor que la española en los próximos meses, un 49,3% cree que no le afectará personalmente y más de un 21% cree que su situación económica personal mejorará.
A pesar de estos buenos datos microeconómicos, la narrativa contraria el pago de impuestos parece que cunde: más de la mitad (53,3%) afirma que los impuestos que paga disminuyen su calidad de vida. ¿Cómo creen, si no es con impuestos, como se mejorará esa Sanidad Pública que sitúan como el principal problema de la región y el que más les afecta en primera persona? Quienes consideran que los impuestos sí aumentan su calidad de vida rozan el 41%.
En otro orden de cosas, uno de los apartados más hilarantes de este CIS andaluz es el referido a las valoraciones políticas, con categorías para etiquetarse políticamente como “muy radical” o “algo radical”, tanto a izquierda como a derecha, o “sólo de centro” y “sólo moderado”. Quien confecciona el cuestionario, seguramente, es de los que hablan de ser “un poco feminista”, “algo racista” o, por qué no, “un poco genocida”, sin caer en la cuenta que son categorías absolutas: o lo eres o no lo eres.
Con todo y asumida esta absurda clasificación, podría afirmarse que un 40,7% de la población en Andalucía es de izquierda, mientras que de derecha lo es un 32,9%. Quienes se consideran “sólo moderados” suponen un 10,5%, mientras que los “sólo de centro” un 14%. Las incoherencias demoscópicas vuelven a manifestarse en ese punto, dado que a pesar de que un abultado 40,8% califica la gestión de Moreno Bonilla mala o muy mala y un 12,9% regular, casi un 40% lo quiere ahora de presidente y, si mañana hubiera elecciones, un 29,8% votaría por el PP, frente al 18,7% que lo haría por el PSOE, un 9,4% apoyaría a Por Andalucía o un 6% a Adelante Andalucía. La diferencia entre quienes se inclinan por Moreno Bonilla como presidente actual y quienes dicen lo apoyarían si mañana hubiera elecciones es de más de 10 puntos porcentuales, algo sencillamente inexplicable.
Y si eso les parece incomprensible, pongamos la guinda del despropósito de un barómetro cuya lectura ha de realizarse con extremada cautela: el líder político más conocido es Moreno Bonilla, con un 94,9%, obteniendo una valoración de 5,46. Asombrosamente, el segundo menos conocido, con un escaso 15,4%, es el líder de Adelante Andalucía, José Ignacio García, pero consigue ser el mejor valorado de todos con un 5,56. Sorpresas te da el CENTRA.
(Artículo en Público)

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