La mentira como guía de gobierno
La semana que viene podríamos asistir al primer debate de investidura en Andalucía. Tras casi un mes en el que Juan Manuel Moreno Bonilla ha estado de brazos cruzados sin dialogar con nadie, le han entrado las prisas. Las mentiras y fabulaciones son la nota dominante en este proceso que lidera el PP andaluz (PP-A) y que va a conducir a Andalucía al sometimiento de buena parte de la agenda de la extrema derecha. Moreno Bonilla va a comenzar con muy mal pie la legislatura: mintiendo a toda Andalucía.
El presidente en funciones quiere que se convoque el debate de investidura “lo antes posible”. Así se lo ha trasladado al presidente del Parlamento andaluz, Jesús Aguirre, al que el PP puso de nuevo al frente de la cámara. Tras semanas de mutismo, resulta que “Andalucía no tiene ni un minuto que perder”, indican los populares, que se felicitan a puerta cerrada por lo bien silenciado que ha quedado el juicio por el otro caso mascarillas, el que afecta de pleno a la Diputación de Almería y a uno de los hombres fuertes de Moreno Bonilla, el ya expresidente del ente provincial, Javier Aureliano García.
En la ronda de reuniones con Aguirre, Moreno Bonilla ha sido incapaz de indicar con cuántos votos cuenta a favor de su investidura. Su única opción encima de la mesa, Vox, ha sido mucho más claro: hoy por hoy votará en contra. Para toda la oposición progresista, tiene algo de teatrillo este tira y afloja de las derechas, pues ya desde la misma campaña el candidato del PP-A dejó claro que, de ser necesario, habría pacto. Lo habrá, dejando la impronta ultra en políticas sociales y agrarias. Lo habrá, incluso, remodelando la Mesa del Parlamento con la cesión de algún puesto del PP y la posibilidad de que los de Abascal tengan senadores por designación autonómica.
En este punto y por una mera cuestión de cultura política, resulta conveniente clarificar ciertos hechos. En primer lugar, exponer las mentiras de Moreno Bonilla que ha acusado a la izquierda y al PSOE de autoexcluirse de las negociaciones de investidura. La obligación política de iniciar el diálogo recae en quien gana las elecciones, en este caso, el PP. Sin embargo, los de Moreno Bonilla ni siquiera se molestaron en descolgar el teléfono para negociar la composición de la Mesa, sentando un precedente que dista mucho de la imagen de moderación con que se vende el presidente en funciones.
Desenmascarada esa mentira del popular, que ni siquiera dio la opción a la oposición progresista de autoexcluirse -aunque a buen seguro lo hubiera hecho-, toca desmontar el marco al que se aferra Moreno Bonilla para amortiguar que, como ya hizo en 2019, vaya a pasar por el aro de Vox.
Durante un tiempo -y en Europa, Alemania fue ejemplo- los partidos democráticos abogaron por tender un cordón sanitario a la extrema derecha, cuyas propuestas políticas desprenden un tufo racista, xenófobo, machista y homófobo por los cuatro costados. Sin embargo, tender un cordón sanitario significa que bajo ningún concepto se dará carrete a estas fuerzas políticas que beben hasta emborracharse del fascismo. El PP jamás ha hecho eso.
Ya en campaña, la hipocresía de Moreno Bonilla al respecto fue escandalosa, victimizándose al justificar su posible pacto con Vox en contra de su voluntad, obligado por la voluntad de la ciudadanía. Ni siquiera tuvo la decencia política de utilizar el lenguaje adecuado y hablar más de preferencia que de deseo, no, directamente afirmó que no deseaba tener que sentarse a negociar con Vox. Tanto él como el resto de Andalucía sabíamos que, si no obtenía la mayoría absoluta, no sólo se sentaría, sino que pactaría con Vox. No iba a dejar escapar el poder.
Quienes compran el marco falaz de la derecha argumentan ahora que si las formaciones de izquierda y el PSOE quieren tender el cordón sanitario a Vox no tienen más que permitir el gobierno de Moreno Bonilla. Es el mismo argumento que se oculta tras el reproche del popular cuando acusa a la izquierda de haberse autoexcluido.
Bien por falta de cultura política, de ingenuidad o de partidismo, hay quien busca presentar al PP-A como un partido que también quisiera tender esa línea roja contra la extrema derecha, pero que es incapaz por no tener apoyos progresistas. Eso es falso. Tender una línea roja es hacerlo en toda circunstancia y aceptando sus consecuencias; todo lo demás es chantaje. Ni siquiera el PSOE, que bajo el liderazgo de Pedro Sánchez nos ha acostumbrado a romper sus propias promesas, caería tan bajo de abrazar a Vox como sí lo hace el PP. Ya no digamos los partidos de izquierda, a los que cada vez se les atragantan más los mismos socialistas.
Ni Moreno Bonilla se ha sentado a negociar con Vox por culpa de la ciudadanía ni va a terminar pactando porque la izquierda y el PSOE le dan la espalda: lo hace, sencillamente, porque quiere. Lo hizo en 2019 cuando perdió las elecciones y abrió la espita en toda España para que la extrema derecha intoxicara las Administraciones Públicas a nivel municipal y autonómico. Tan sólo queda el gobierno central, pero Alberto Núnez Feijóo ya ha admitido que no dudará en formar un gobierno de coalición con Santiago Abascal.
Un partido que con tal de aferrarse al poder se alía con otro al que ha acusado de incompetente, de vulnerar libertades civiles y, con ello, de ser perjudicial para España, ¿qué integridad tiene? La respuesta es tan clara como la senda que me conduce a la conclusión que llevo años exponiendo y que no es otra que el PP defiende la democracia hasta que deja de serle útil. Cuando estorba a sus intereses, las derechas dinamitan este modelo mejorable, con el conjunto de derechos y deberes que nos hemos dado desde que murió Franco.
La “prioridad nacional” de Vox no es nueva. Es algo que ya puso en práctica el PP cuando gobernó, arrebatando la sanidad universal a la comunidad migrante. Tuvo que ser el gobierno progresista quien la restaurara cuando llegó al poder. La misma Ley Mordaza, que inexplicablemente el PSOE se ha negado a derogar, es otra vulneración de las libertades civiles con el sello inconfundible del PP.
Por este motivo, los de Génova 13 jamás han querido tender un cordón sanitario contra Vox, ni siquiera el pseudomoderado Moreno Bonilla. El PP ansía reabsorber a Vox porque comparten cepa y los de Abascal no han mutado gran cosa, algo más burdos y grotescos sí, pero personajes así ya poblaban y pueblan las filas populares. Pese a la escenificación chapucera que PP-A y Vox realizan estos días, habrá pacto de derechas en Andalucía, como ha sucedido en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Y si no reacciona España, habrá pacto PP-Vox como se vislumbra en el horizonte de unas elecciones generales que pueden sumir al país en la deriva democrática que ya se vive, no sólo en Europa, sino también en Latinoamérica bajo el influjo directo del infame Donald Trump.
(Artículo en Público)

Sin comentarios