La IA pone patas arriba la privacidad
La privacidad es un bien preciado que la legislación, especialmente la europea que es muy garantista, ha tratado de proteger con normas como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Sin embargo, la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) puede terminar convirtiéndose en una amenaza para los datos personales, sorteando además las leyes que sobre el papel los blindaban. Para 2029, la consultora Gartner pronostica que la mayoría de los incidentes de privacidad vendrán directamente de inferencias generadas por la IA.
La capacidad de la IA para esquivar la protección de los sistemas de seguridad informáticos es uno de los riesgos sobre los que tienden a cargarse las tintas. Con el horizonte, además, de la informática cuántica, la posibilidad de romper claves criptográficas que parecían a prueba de ataques podría convertirse en una realidad. No obstante, no es el único peligro que acecha derivado del mal uso de la IA, hay otros, como el que amenaza la privacidad, que ya están aquí.
La mayoría de las vulneraciones de privacidad han procedido de la exposición directa de información de identificación personal (PII, por sus siglas en inglés). Nos referimos a, por ejemplo, casos de ciberataques a compañías telefónicas o de viajes que terminan por exponer información personal (nombre y apellidos, domicilio, número de teléfono…). Durante mucho tiempo, éste ha sido uno de los mayores botines y los criminales han perfeccionado sus técnicas e, incluso, sus objetivos, atacando a universidades -aparentemente sin interés para ellos- por contener datos de alumnado, investigadores, domiciliaciones de matrículas, etc.
Sin embargo, este fenómeno está cambiando con la IA, capaz de deducir información personal sensible a partir de datos aparentemente inocuos. Eso es la inferencia. Tal y como explica el analista de Gartner, Bart Willemsen, “históricamente, las organizaciones se han centrado en proteger los datos personales sin procesar, pero la IA ahora puede reconstruir información muy personal sin infringir los controles de datos tradicionales”.
En malas manos, la capacidad de la IA es tal que permite reidentificar a personas o atribuirles determinados atributos confidenciales (como información médica) a partir conjuntos de datos anonimizados. Son los denominados, ataques de inferencia que, tal y como precisa Willemsen, “son particularmente peligrosos porque a menudo eluden los mecanismos de detección convencionales”.
En este nuevo escenario de algoritmos, la realidad es que la única anonimización de datos absoluta que existe es la eliminación de esos mismos datos. Dicho de otro modo, el gran desafío que se presenta en la actualidad a quienes velan por la privacidad ya no es sólo cómo almacenar la información personal, sino también cómo hacer frente a la extraordinaria capacidad que puede llegar a tener la IA para interpretar y cruzar datos.
Estos modelos de IA pueden llegar a reconstruir identidades individuales a partir de patrones de comportamientos, métricas de uso y de múltiples datos agregados, desde las redes sociales a los datos de viajes, pruebas médicas diagnósticas, etc., por muy anonimizados que se encuentren estos datos. La IA conecta los puntos, relaciona datos dispersos que aparentemente parecen inofensivos e infiere una información que puede habilitar a un ciberdelincuente a lanzar su ataque con mayor precisión. Este es el caso, por ejemplo, de las campañas de phishing personalizado, con mensajes tan convincentes que lo complicado es no caer en la trampa.
Lo cierto es que mucha de esa información para elaborar perfiles personalizados ya se encontraba disponible para los malhechores, pero construirlos resultaba demasiado caro. Ahora, gracias a la IA, no sólo es económicamente rentable sino que, además, se puede hacer a escala en mucho menos tiempo.
Ante esta nueva coyuntura, los responsables de seguridad de la información en las organizaciones que almacenan nuestros datos personales deberían cambiar el enfoque. El primer paso, claro está, es recopilar la información indispensable de acuerdo a las necesidades empresariales y eliminar el máximo posible para evitar ataques basados en inferencias. Ahora bien, ¿cómo hacer eso si esas mismas compañías son voraces a la hora de recopilar datos que utilizan comercialmente?
En el plano personal, cada interacción pública que realizamos en internet, incluso cuando utilizamos diferentes avatares o apodos, pueden alimentar a un sistema de IA que termine reconstruyendo nuestra identidad digital. En otras palabras y cómo recientemente abordaba Público en un reportaje sobre vacaciones e internet, más de una persona debiera pensarse dos veces exponer su vida y recurrir a la IA de manera indiscriminada con la mera justificación de que se lo den hecho.

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