Que la IA no vote por ti

 Que la IA decida tu voto por ti es una muy mala idea. - Lorena Sopêna / Europa Press

2024 fue un super año electoral con comicios en cerca de 40 países en todo el mundo. Entonces, ya advertimos desde este espacio que aquellos procesos podrían verse gravemente contaminados por el auge de la desinformación. Esa amenaza no ha desaparecido. Con 2027 a la vuelta de la esquina y unas elecciones generales en ciernes, ¿han pensado que sucederá si las personas piden consejo sobre su voto a los asistentes (chatbots) de Inteligencia Artificial (IA)? Se lo avanzo yo: nada bueno.

El uso de asistentes de IA está extendiéndose rápidamente, especialmente entre el público más joven. Chatbots como ChatGPT, Gemini, Claude o Copilot están utilizándose para realizar trabajos académicos, programar las vacaciones, confeccionar menús semanales o, incluso, hacer terapia. ¿Qué va a impedir que, en otra claudicación a la pereza (no exenta de irresponsabilidad), una persona pida orientación sobre su voto a una de estas IA?

Habrá quien argumente que plantear esta situación es forzar demasiado la realidad, pero no es así. De hecho, en las últimas elecciones locales de Reino Unido del pasado mes de mayo, la London School of Economics reveló que más de un 14% de las personas encuestadas estaría dispuesto a usar la IA para definir su voto. Si ya era preocupante que hace dos años otro estudio señalara que casi el 10% de los británicos usaba los chatbots de IA como fuente de información política, imaginarse que el voto lo decida por ti uno de esos asistentes pone los pelos de punta. ¿Hacia qué opciones políticas creen que orientará Grok, el chatbot de Elon Musk?

Confiar tu voto a la IA es una mala idea. La instrucción (prompt) que debiera darse al asistente tendría tal complejidad que es del todo imposible, especialmente considerando el esfuerzo que requeriría para alguien que, precisamente, acude a la IA movido por la ley del mínimo esfuerzo. Por defecto, la mayor parte de los chatbots no van a dar directamente el nombre de un partido político que se ciña a tu descripción personal y de intereses, pero sí va a emitir sugerencias sesgadas, parciales, absolutamente incompletas.

Decir que si lo que buscas es pagar menos impuestos has de votar al partido X puede ser del todo falaz, dado que quienes acostumbran a predicar tal cosa aplican las rebajas fiscales a quienes más tienen y, posteriormente, dividen los ahorros tributarios entre el total de la población, lo cual es una manipulación estadística. Además, todo en política está conectado, de modo que pagar impuestos no tiene por qué ser sinónimo de mejores servicios públicos, más bien al contrario.

En esta misma línea, consideraciones como el bien común pueden quedar excluidas de las consideraciones de la IA, a pesar de que hay muchas personas que votan en contra de sus propios intereses particulares en un acto de solidaridad y responsabilidad con el Estado de Bienestar. Y es que por mucho que se extienda este frenesí de la IA, lo cierto es que presenta muchísimas limitaciones, como relacionar posturas e ideologías, por ejemplo.

Asimismo y como en cualquier programación algorítmica, nos enfrentamos también a los sesgos introducidos por diseño -en los que, incluso, influye el idioma-, que pueden terminar por salpicar el voto con machismo, racismo, homofobia y otros tipos de discriminación económica, cultural y social. Por si esto no fuera poco, la información de que se nutren estos chatbots puede estar viciada. Como ya hemos apuntado en otras ocasiones, existen corruptores profesionales de la IA que se dedican a subir contenido a internet para intoxicar el aprendizaje de la IA. A ello se suman, además, los pseudomedios que intencionadamente propagan bulos y que, llegados el caso que nos ocupa, influirán en la respuesta que proporcione el asistente de IA. No tenemos nada más que mirar esta semana a cómo diversos medios han publicado sin desmentir el bulo vertido por Feijóo que animaba a violar nuestro Estado de Derecho realizando devoluciones en caliente y masivas de menores migrantes no acompañados. Ese material tóxico también nutre a la IA.

El asunto todavía se complica más cuando, dado que la mayor parte de los modelos de IA son hoy por hoy deficitarios, algunos de ellos como OpenAI (ChatGPT) están explorando explotar la publicidad. ¿Qué garantías tenemos de que el asistente de IA no reconduce las conversaciones y sus razonamientos para terminar llevándonos a sus anunciantes? Sería un resultado del todo viciado que terminaría en las urnas, más aun considerando que en campaña puede moverse contenido político patrocinado.

Esta amenaza a la democracia debiera pararse, en primer lugar, con mucha pedagogía, destacando la importancia de la decisión personal del voto, basándose para ello en información veraz. Dado que, siendo realistas, esta opción parece tristemente utópica, nos queda la legislación. De hecho, Brasil se encuentra en pleno proceso electoral y este mismo año el Tribunal Electoral Estatal (TSE) ha tratado de poner coto a la IA.

El pasado mes de marzo, el TSE brasileño impuso restricciones a los asistentes de IA en campaña electoral, de modo que no puedan ni proporcionar recomendaciones, clasificaciones u opiniones sobre candidatos y partidos políticos, por mucho que el usuario o la usuaria lo solicite. Además, endureció la responsabilidad de las plataformas si difunden contenido falso. Al margen de otra consideración, la medida se queda corta, no es efectiva, porque a día de hoy en Brasil es relativamente sencillo terminar obteniendo este tipo de respuestas por parte de los chatbots, tal y como reveló AFP.

La IA ha abierto en canal nuestra misma democracia y el mejor freno y defensa ante este fenómeno somos nosotros mismos. No debiéramos encomendar a la IA tareas que nos son propias, que debieran ser intransferibles como es el voto. Hacerlo, es entregar una parte de nuestro ser político, de nuestra contribución a la democracia y a nuestro propio bienestar y el de quienes nos rodean. 

(Artículo en Público

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