Andalucía muerta de sed, pero con IA
Los centros de datos se han convertido en un nuevo campo de batalla entre el Gobierno de España y la Junta de Andalucía. Los requisitos de sostenibilidad energética, medioambiental y de resiliencia que quiere aplicar el Ejecutivo a este tipo de instalaciones trastocan los planes del gobierno andaluz, que ya se había puesto a contar euros sin pensar en cómo estos centros esquilman los recursos naturales del territorio. Es un ejemplo más de la mirada cortoplacista de quienes gobiernan fieles a la filosofía del patadón adelante, eludiendo su responsabilidad como gestores del presente y también del futuro.
En realidad, para zanjar el asunto que aborda esta columna bastaría remitir al reportaje de mi colega Laura G. de Rivera titulado ¿Por qué no te conviene tener un centro de datos cerca de casa?, de hace algo más de un año. Sin embargo, nunca está de más profundizar en estas cuestiones, pues nos va en ello la supervivencia de nuestro ecosistema y, con él, la nuestra misma.
La afirmación de que los centros de datos son auténticos depredadores de recursos naturales está fuera de dudas. A estas alturas, negarlo es situarse a la altura -o bajeza- de los terraplanistas. Las investigaciones al respecto son tan numerosas y precisas que no hay negacionista que pueda rebatirlas. Afortunadamente, en España ya contamos con un movimiento organizado contra los centros de datos que, fundamentalmente, alimentan a la Inteligencia Artificial (IA) generativa.
Aragón es una de las regiones cuyo presidente, Jorge Azcón (PP), no ha escatimado a la hora de mercantilizar con los recursos naturales en beneficio de las tecnológicas y los fondos buitre. Juan Manuel Moreno Bonilla no quiere ser menos en Andalucía, pero se ha topado con un Real Decreto del Gobierno de España que busca salvaguardar la sostenibilidad. Una vez más y como también acostumbra a hacer el gobierno de la Comunidad de Madrid, la Junta de Andalucía anda llorando por las esquinas como si las medidas propuestas por el Gobierno de España sólo tuvieran como objetivo dañar los intereses de Andalucía.
¿Qué molesta a los de Moreno Bonilla, que los centros de datos se vean obligados a cumplir con los estándares europeos de eficiencia hídrica y energética más exigentes? ¿O que cumplan de una vez por todas con la ley y sean transparentes a la hora de informar con precisión sobre sus parámetros de consumo, tal y como establece la legislación de eficiencia comunitaria?
El consejero de Inteligencia Artificial, Desarrollo Digital y Administración Pública, José Antonio Nieto, teme que, como las tecnológicas y fondos de inversión que se lucran con estos centros de datos ya no tendrán barra libre sobre el consumo de recursos, quizás se vayan a zonas más templadas en las que no resulte tan complicada la refrigeración. Dicho de otro modo, Nieto estaría dispuesto a sacrificar nuestros ecosistemas, que son básicos para la supervivencia de Andalucía, con tal de trufar la región de instalaciones de servidores informáticos.
Pensará Nieto, quizás, que para cuando esta comunidad autónoma sea un secarral a él no le afectará, quizás ni a sus hijos, pero no puede estar más equivocado. Se escuda en que Andalucía es rica en energía solar y el consumo eléctrico masivo que estas instalaciones absorben puede ser autogenerado. De hecho, el Real Decreto exige que el 80% del gasto energético sea cubierto con nueva generación renovable en territorio nacional. Pero, ¿qué sucede con el agua que engullen estos centros para cubrir sus necesidades de refrigeración?
Aunque la Junta mire para otro lado sin abordar aún las actuaciones hidráulicas que precisa la región e insista en diferenciar entre agua potable y no potable, Andalucía es uno de los territorios más expuestos a la sequía. Apenas hace dos veranos que, no sólo se vio afectado el campo (que no requiere agua potable), con el terrible impacto económico para agricultores y ganaderos, sino también el entorno urbano con restricciones de agua de doce horas diarias en algunas localidades de la costa malagueña, por ejemplo… por no hablar, claro está, del entorno natural, del estrés hídrico que sufren flora y fauna.
La llegada de 20 nuevos proyectos de centros de datos a Andalucía, que es el número en que el consejero Nieto cifra las iniciativas “comprometidas” por el Real Decreto, dejarán Andalucía en los huesos, deshidratada. Desde la Junta reprochan al Gobierno de España que se adelante a la Unión Europea (UE) y lidere estos niveles de exigencias: en realidad, lo que vienen a decir los de Moreno Bonilla es que si el Ejecutivo se sincronizara con Europa, tendrían margen para construir estos centros y ya no habría marcha atrás. Entremedias, dulcifican esta depredación de nuestros recursos con abultadas cifras de inversión y empleo, tan poco creíbles, por otro lado, como que la Fórmula 1 de Madrid no le va a costar al pueblo de Madrid uno solo euro.
Hay gobernantes, y Azcón y Moreno Bonilla son buena prueba de ello, que jamás permiten que un desastre natural les estropee un buen titular de llegada de inversión. Se erigen como protectores del medio ambiente y la eficiencia energética, pero sus acciones discurren en dirección contraria. Lo acabamos de ver hace unas semanas, cuando WWF volvió a denunciar que la Junta de Andalucía sigue sin cumplir con la recomendación de la Unesco de restaurar los corredores ecológicos de Doñana. Hasta 140,2 hectáreas de cultivos en invernadero o bajo plástico, 83 balsas de riego y 66 pozos ha detectado esta organización dentro de corredores ecológicos.
Eso es pan para hoy, hambre para mañana, pero hambre hasta la más absoluta inanición y muerte, porque no hay quien lo recupere. Recientemente escuchaba a un científico explicar que no debiéramos ver este verano como el más caluroso de nuestra historia, sino como el más fresco de los que vendrán a partir de ahora. Bajo ese prisma, concentrar más de una veintena de proyectos de centros de datos en una de las regiones españolas más castigadas por la sequía parece del género idiota. Pero oye, ahí está Moreno Bonilla y quienes como él en el resto de España están dispuestos a seguir atentando contra nuestro entorno y recursos a cambio de lo que en realidad son monedas comparado con lo que ganan quienes están detrás de los centros de datos.
Lo que estos políticos nos venden como innovación y progreso no es más un retroceso, una involución que destruye la base sobre la que levantamos nuestra misma subsistencia.
(Artículo en Público)

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