Parásitos de lo público
La reciente cena privada celebrada la Giralda le ha costado a Sevilla mucho más de los 36.000 euros de dinero público que han puesto para el festín la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento. El coste de tamaña cacicada ha puesto de relieve una vez más la particular concepción de lo público que tienen las derechas, apropiándose de espacios y dinero para disfrute propio. El acto vuelve a resucitar a ese señorito andaluz que nunca murió realmente y que, en cuanto tiene ocasión, saca la patita y se sacude su caspa en trajes de diseño y manjares que paga quien no los disfruta.
En la carta del director del último número la revista Escaparate, que es la publicación que celebró su vigésimo aniversario en la Plaza Virgen de los Reyes, se jacta de que “hemos sido tan clásicos que, a veces, hemos provocado. Tan fieles a determinadas formas que hemos terminado siendo transgresores sin pretenderlo”. Algo de razón tiene, porque esta gala rancia y trasnochada se le atraganta a esa Andalucía que tanto ha luchado por sacudirse esa imagen cortijera de señoritos sometiendo a la clase trabajadora.
El evento tenía todos los ingredientes para, como también presume en su carta, “defender lo de siempre” que, en el caso de las derechas, es vivir de lo público: patrocinio con contratos a dedo del Ayuntamiento y de la Junta a Sevilla por la Gracia de Dios, S.L., la empresa editora; y como escenario la Plaza Virgen de los Reyes, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1987 y, por ello, espacio protegido contra este tipo de celebraciones por el artículo 11 de la Ordenanza Reguladora de la Ocupación de los espacios públicos del Conjunto Histórico. A Manuel Gavira, el mismo que afirmó que con Vox en la Junta de Andalucía “se acabaron las mariscadas a costa de los andaluces” no le ha costado aflojar sus correspondientes 18.000 euros desde su consejería.
Todo para reunir a una élite de unas 400 personas que disfrutaron de la música en directo de, entre otros, cantantes como José Manuel Soto -el que recibe ayudas de más de medio millón a proyectos sin memoria- y asistieron a reconocimientos como el nombramiento de Presidente de Honor al Duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, el del clan de los pozos ilegales en el entorno de Doñana. Sólo faltó quien, cuando se trata de gastar “su dinero público” es una campeona, Isabel Díaz Ayuso, que sí asistió en 2025.
El escándalo ha sido tan mayúsculo, que al sur de Despeñaperros pocos son los medios que no le han dedicado amplia cobertura, con la excepción, claro está, de Canal Sur que, en otro alarde de buena gestión de lo público y antes de convocar oficialmente sus primeras oposiciones en 20 años, ya se había filtrado el temario y el ente mismo había difundido las bases entre su plantilla.
A toro pasado, tanto en el consistorio sevillano como en la Junta lamentan la elección del espacio… pero que les quiten lo bailado. A fin de cuentas, el propio empresario de la revista admitió a ABC que fue el alcalde de Sevilla quien le propuso el espacio. Los hechos han sido denunciados por Iustitia Europa pero, siendo realistas, casi nadie espera que prospere. En este mismo sentido, Adelante Andalucía también ha puesto los hechos en conocimiento de la Unesco por el impacto negativo que haya podido tener en el patrimonio, convertida Sevilla en “su cortijo para fiestorros”, reprochan.
Duele este uso de lo público, tanto del dinero como de los espacios, pero lo que aún escuece más es la arrogancia, desfachatez e impunidad con que se hace. La misma con que se vetan otros actos como la presentación de la plataforma Feministas frente al fascismo que esta misma semana tenía que haberse celebrado en la Universidad de Sevilla y se ha prohibido por considerarlo un acto político. ¿Qué le habrá molestado más a la universidad, el feminismo o el antifascismo?
Las derechas no pierden ocasión de afear a la izquierda una supuesta “superioridad moral”, pero en realidad lo que les molesta son los principios y la ética. La derecha olvida la moral y se queda con la superioridad, esa actitud soberbia con que organizan y disfrutan eventos excluyentes más que exclusivos. Lo vemos a lo largo y ancho de la geografía nacional; sucedió en el Madring de F1, que terminan pagando quienes tienen un sueldo que no paga ni la mitad de la entrada de un evento con un catering cuyo personal trabajó 17 horas a razón de 8 euros la hora y friegan los vasos con el agua de las cubiteras porque no tienen ni agua corriente.
Esta derecha altiva entiende que se merece vivir a costa de la mayoría. La misma ciudad de Sevilla acaba de lanzar, en una iniciativa promovida por el Ayuntamiento, la marca Sevilla Excellence con la que se quiere impulsar el turismo de lujo. Tal es la desfachatez que la propuesta se resumen en que “el turista que piensa en cerrar la Torre del Oro para cenar allí no se plantea si es posible o no”, sencillamente paga y listo. Se les llena la boca con la riqueza que trae este sacrificio de las ciudades a su dios del Turismo pero lo cierto es que, en la propia Sevilla, cada vez se hacen menos contratos en el sector pese a multiplicarse los turistas.
La pérdida de lo público a manos de esta aristocracia de pacotilla es la vuelta al sometimiento de la mayoría por parte de unos pocos. Es el hurto de lo que pertenece a la ciudadanía, es lo que en el pasado, por mucho que se haya intentado ocultar, despertó revoluciones como la Vicalvarada. En nuestro estado de derecho actual, en plena democracia, hay otras maneras de actuar en forma de papeleta y urna; es menos violento, más sencillo y, si de veras se asume como acto revolucionario, tan inédito como contundente.
(Artículo en Público)

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