La ineptitud humana adelanta por la izquierda a la IA
Hace algo más de una semana, alrededor de 700 supermercados franceses fueron víctimas de un ciberataque. Los delincuentes atacaron las cámaras frigoríficas, ejecutando un programa rápido de descongelación que elevó la temperatura de forma repentina a 50 grados, obligando a desechar todos los alimentos. Las pérdidas económicas se cifraron en millones de euros. Detrás de este ataque, como sucede en muchos casos, hubo más causas atribuibles a la ineptitud humana que al ingenio o, incluso, a la Inteligencia Artificial (IA).
A simple vista, podría pensarse que este ciberataque, que también se extendió a Bélgica y Países Bajos, fue de una extraordinaria sofisticación. No fue el caso. La vulnerabilidad a través de la cual los delincuentes consiguieron comprometer el sistema era de sobra conocida. De hecho, Danfoss, la empresa danesa desarrolladora del software, ya había alertado de esta brecha de seguridad, publicando un parche para resolverla.
Tres años antes, la empresa francesa Synacktiv también había alertado de vulnerabilidades similares en el software. ¿Qué falló entonces? Que los parches de seguridad no se instalaron. La propia Danfoss afirma que determinados modelos de refrigerador, ya obsoletos, no permiten la actualización del software. Asumiendo -que tengo mis dudas- que más de 700 supermercados sólo en Francia mantengan neveras tan antiguas, si se tenía conocimiento del riesgo, lo lógico habría sido desconectar los equipos de internet.
Los responsables de tomar esa decisión en cada una de las cadenas de supermercados afectadas (Carrefour, Intermarché, Coopérative U, Netto, Leclerc, Monoprix…) subestimaron la posibilidad de que un ciberdelincuente culminara el ataque: pensaron que compensaba asumir ese riesgo frente a la incomodidad de no poder monitorizar el rendimiento de sus equipos a distancia, como se venía haciendo toda la vida. Obviamente, se equivocaron, derivando no sólo en pérdidas millonarias sino también reputacionales.
Subestimar a los ciberatacantes siempre es una mala idea pero, ahora con la IA, todavía es peor. Tras conocerse el ataque y apoyándose en el modelo de Claude (Anthropic), una empresa de seguridad tardó menos de media hora en simularlo, evidenciando que, conocida la brecha de seguridad, no hace falta ser ingeniero informático para cometer este tipo de tropelías.
¿Quiere decir esto que ante ataques impulsados por IA estamos completamente indefensos por su superioridad? En absoluto, aunque parezca una paradoja, la estupidez humana puede llegar a doblegar cualquier IA. A finales del pasado mes de septiembre, un hacker chino se propuso lanzar un ataque masivo a más de 1.200 sitios web en EEUU, Canadá, Australia y Japón. Para llevar a cabo sus planes, el delincuente se sirvió de un ejército de agentes de IA basados en una combinación de Claude Code y el modelo chino DeepSeek. Para controlarlo utilizó Cairn, una plataforma de IA de código abierto disponible en GitHub que, precisamente, sirve para orquestar (dirigir) múltiples agentes de IA para realizar una tarea concreta.
Las instrucciones dadas a Cairn para gestionar a estos agentes no llegaban ni a 100 caracteres chinos. El ataque, que se centró en las tiendas digitales de estas empresas, consistía en subir archivos sin que se percataran de ello los administradores de sistemas, funcionando como una puerta trasera de modo que, una vez consumado, se garantizaba el acceso, incluso, corregida la vulnerabilidad.
Aunque sólo el 10% de los intentos tuvo éxito (más de 120 empresas), el plan iba sobre ruedas y en menos de 24 horas los agentes conseguían entrar en los sistemas. La empresa especializada en ciberseguridad e IA, Norforge, explica muy gráficamente el desarrollo del ataque y cómo el hacker chino metió la pata. A pesar de lo aparentemente sofisticado del ataque, el delincuente no cayó en proteger la interfaz de Cairn, quedando expuesta. Dicho de otro modo, sus paneles de control quedaron al descubierto y resultó relativamente sencillo comprobar cómo la información, el lenguaje y las instrucciones de muchos de estos ataques pertenecían al mismo actor malicioso. Todo ello sin que se percatara el hacker, cuyos ataques fueron desbaratados después de haberse gastado cerca de 5.000 dólares, según estimaciones porque, como habrán adivinado, esta computación avanzada de IA no es gratis.
Este último ejemplo ilustra cómo incluso algunos atacantes no están preparados para esta tecnología. Confiados en que la IA lo hará todo por ellos, comenten errores de bulto. En efecto, esto no quiere decir que la incorporación de la IA no haya acelerado la capacidad de planificar y ejecutar ataques. Sin embargo, hemos de ser tajantes al afirmar que la llegada de esta tecnología no ha cambiado las reglas del juego de la ciberseguridad; siguen siendo las mismas. Es importante tener claro este concepto: el factor humano, en último extremo, es lo que cuenta.
Prueba de ello es lo sucedido esta misma semana, cuando se hicieron públicas las vulnerabilidades en el lenguaje PHP que pone en riesgo a cerca del 70% de las páginas web de internet (afecta a plataformas como WordPress, MediaWiki o Symphony). Dichas vulnerabilidades fueron detectadas mediantes IA y podrían llevar ahí durante décadas. Hay quien realizaría la lectura catastrofista de lo peligrosa que es la IA y cómo estamos expuestos a continuos peligros; no tiene por qué ser así. No es una cuestión tanto de tecnología, cuya disponibilidad es idéntica para el ataque que para la defensa, como de velocidad. Conscientes del potencial de la IA, ¿por qué no realizar auditorías completas de los sistemas informáticos antes de que lo hagan los delincuentes y exploten vulnerabilidades?
La PHP Foundation, que es la entidad que supervisa el desarrollo y mantenimiento de este software de código abierto, ya ha publicado parches de seguridad para resolver las vulnerabilidades críticas. El camino pasa por ser más proactivos que nunca y evitar que los malos realicen ingeniería inversa aprovechando la ineptitud de quien mantiene los sistemas.
(Artículo en Público)

Sin comentarios