La guerra bajo tus pies
Aunque parece lógico pensar que quien es incapaz de planificar una guerra en el presente, como la de Irán, pueda hacerlo con la del futuro, EEUU asegura que está en ello. Tratándose del país en el que manda Donald Trump y cuyo Secretario de Guerra -que no de Defensa- es Pete Hegseth, es para tomárselo muy en serio. Más aún si para desarrollar su Project Meridian, que es como ha bautizado esta iniciativa, confía en Newt Gingrich, Elon Musk y Palmer Luckey; un pelota y dos magnates de la tecnología a los que sobra tanto dinero como delirios.
Gingrich fue presidente de la Cámara de Representantes en el siglo pasado y, a sus 83 años, en campaña de las elecciones de medio mandato ha dicho de Trump que “es el mejor político de nuestra era”. Da una idea de la talla del personaje. Musk, por su parte, es de sobra conocido, por lo que en el que quisiera detenerme es en Luckey, que hace años se hizo famoso por forrarse con sus gafas de realidad virtual Oculus Rift y ahora está más volcado en los robots asesinos -drones y armas autónomas- con su empresa Anduril Industries. Quizá les suene porque, junto a Palantir, esta empresa estuvo relacionada con la masacre en la escuela de Minab, al inicio de los ataques contra Irán.
Pues bien, Luckey y su tecnología -incluida su apuesta incondicional por la Inteligencia Artificial (IA), que en Minab no funcionó- va a aportar su visión del futuro de la guerra en el informe que marque los próximos avances militares de EEUU. Una de las teorías que más está impulsando este señor de la guerra con camisa hawaiana es el de la guerra subterránea. Tal y como relataba en una entrevista, del mismo modo que las armas ya asesinan por tierra, mar y aire, ¿por qué no hacerlo también bajo la corteza terrestre?
La visión de Luckey contempla mover por el subsuelo armas, suministros, incluso, personas, asegurando que, durante la Guerra Fría, tanto EEUU como la Unión Soviética invirtieron recursos en este planteamiento, con la invención por parte de la última de un vehículo “diseñado para perforar o derretir su camino a través de la roca”. Un vehículo que, según cuenta, la URSS perdió en el subsuelo, lo que a él la hace suponer que “tuvieron que llegar bastante lejos” para que pasara algo así.
El fundador de Anduril está convencido de que la guerra se dominará antes bajo el subsuelo que en el espacio. En otra intervención en la que aseguraba que “las armas nucleares han sido una de las fuerzas más estabilizadoras de la historia”, Luckey indicó que la compañía ya cuenta con algunos prototipos. Con la tecnología de vanguardia resulta mucho más barato desarrollar estos ingenios que, desde su punto de vista, no debieron haberse detenido tras la Guerra Fría.
Quizás por este motivo, Anduril no es la única compañía que trabaja en esta línea. Hace unos meses y apoyada por la firma de capital riesgo Silent Ventures, la empresa Traysar Industries anunció durante un evento en Detroit que contaba con una financiación inicial de 25 millones de dólares para desarrollar las "soluciones tecnológicas que permitan la supremacía militar estadounidense en el ámbito subterráneo". Comienza a moverse mucho dinero en este ámbito: la empresa de perforación que creó Elon Musk hace unos diez años, The Boring Company, ya vale 23.000 millones de dólares.
En su comunicado, Traysar afirma que en 2023 el Departamento de Guerra ya advirtió en uno de sus informes que China estaba invirtiendo grandes sumas en instalaciones subterráneas para ocultar y proteger todo tipo de elementos de sus fuerzas militares. Según Yadin Soffer, cofundador y director ejecutivo de la compañía, “nuestro mensaje a los enemigos es claro: no tienen dónde esconderse. La misión de Traysar es exponer todas las amenazas subterráneas y equipar a los ejércitos del mundo libre para luchar en esta dimensión nueva pero, al mismo tiempo, ancestral”.
Esta obsesión por el subsuelo quizá viene del hecho de que el equipo fundador es de origen israelí. Además de Soffer, sus otros dos socios, Asher Katz y Gilad Adin, colaboraron con el ejército israelí, especialmente Katz, que llegó a servir en una unidad en la que creó el Laboratorio de Detección de Túneles de Hamás. En su página web afirman que “estamos perdiendo el control bajo la superficie” y muestran un mapa mundial en el que señalan túneles y búnkeres como, por ejemplo, el narcotúnel descubierto en Ceuta el pasado mes de marzo.
En septiembre tuvo lugar en Washington un evento llamado Impact 250 (en referencia a los 250 años de la independencia estadounidense) que reunió de manera privada a medio centenar de directivos de distintas empresas. Una de ellas fue Armada Tech, que organizó en el evento Cumbre de IA Soberana donde Traysar presentó Terminus. Se trata de una plataforma de perforación montada sobre camión, diseñada para posicionar y proteger rápidamente la infraestructura crítica bajo la superficie terrestre. Según su comunicado, ambas compañías persiguen proporcionar soluciones subterráneas integradas que permitan el procesamiento seguro de IA, el mando y control, las comunicaciones y otras cargas de trabajo de misión crítica para EEUU y sus aliados.
Lo cierto es que las guerras están cambiando y, dada la proliferación de drones de bajo coste, incluso en la guerra de Ucrania se está ya recurriendo al subsuelo para mover infraestructura bélica… o, por ser más precisos, se está volviendo a recurrir, porque, incluso antes de la Guerra Fría que invoca Luckey, Winston Churchill mandó construir en 1940 una entramada red de túneles en los acantilados de Dover -que hoy son atracción turística-, en la que hay salas tácticas, comedores, dormitorios, hospital de campaña, etc.
La novedad ahora, que es en realidad de lo que hablan estos magnates, es realizar maniobras subterráneas. Dicho de otro modo, más allá de ser un espacio de almacenamiento o cobijo, lo que tienen en mente estos magnates es convertir el subsuelo en un nuevo campo de batalla. Y eso asusta, porque si algo han demostrado estos millonarios excéntricos, es que tienen el poder suficiente para mover gobiernos enteros.
(Artículo en Público)

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