Rubalcaba, por acción u omisión

Ayer el juez Ruz dió un giro copernicano al caso Faisán, sentando en el banquillo a la cúpula policial implicada en el asunto: al ex director general de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, Víctor García Hidalgo; al jefe superior de Policía del País Vasco, Enrique Pamies, y al inspector de Vitoria José María Ballesteros. Huelga decir que están imputados, pero no son culpables (por cierto, gran reflexión de Arturo González). De serlo, la lógica nos lleva a pensar que el candidato Alfredo Rubalcaba, como ministro del Interior que era, debía estar al corriente del chivatazo, pues éste se ha presentado como estratégico más que coyuntural.

Mal comienzo para un Rubalcaba ya fuera del Gobierno e instalado en su despacho de Ferraz, pero aún peor arranque para Camacho en su nueva cartera, pues se va a evidenciar antes de lo esperado que su paso por Interior ni marcará un punto de inflexión ni pasará a la historia por su determinación; la sombra de Rubalcaba es alargada... incluso, desde Ferraz.

Retomando el caso Faisán y aún a riesgo de impregnar a este post de un tinte rancio y derechón, debemos hacer dos reflexiones: una, que el período Rubalcaba ha sido el que más éxitos ha cosechado en la lucha antiterrorista; eso es innegable. Dos, ¿qué métodos se han utilizado para ello? Quizás, y sólo quizás, el chivatazo era parte de la estrategia, en cuyo caso ¿estaría justificado?

Lo que parece seguro es que si los ahora imputados estaban al corriente del chivatazo, Rubalcaba también los estaba. Y todo esto recuerda -aqui el tinte derechón- al GAL, no tanto por el calado del caso, sino por aquello de 'por acción o por omisión', ¿recuerdan? Si entonces, que sí hubo culpables, nadie fue capaz de demostrar la vinculación de González y Rubalcaba -que años después se negó en redondo a desclasificar los papeles del CNI sobre este asunto-, ¿por qué ahora sería distinto con el que aspira a ser presidente del Gobierno?

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