Adiós al Casablanca, hola a las calles

Teatro para niños en el CSO Casablanca
El ministerio del Interior continúa su cerco a los movimientos sociales. En un momento en el que se están cerrando centros culturales municipales o cancelando parcialmente sus actividades, la Delegación de Gobierno ha decidido desalojar por las bravas el Centro Social Okupado (CSO) Casablanca, de Madrid. Un centro con una magnífica biblioteca (más de 10.000 libros donados), con colecciones de música, con material para teatro... Un centro que, seguramente, ha conseguido apartar de las calles a muchos jóvenes que han terminado por descubrir su gusto por la cultura.

Sin embargo, Cristina Cifuentes no lo ve así. Más bien al contrario, en lugar de sacar jóvenes de las calles, está convencida de que los echa a las mismas. Ya lo había pensado en el pasado de La Tabacalera, señalándolo como epicentro antisistema (como si eso fuera ilegal o necesariamente malo). El Casablanca se había convertido en un punto de encuentro habitual del movimiento 15M y, precisamente por ello y después de que se la inmobiliaria interpusiera la denuncia hace dos años, ha decidido ahora desalojar el CSO... a pocos días de la cita que tanto temen el ministro Fernández Díaz y ella, el 25S que rodeará el Congreso (o que lo okupará, simbólicamente).

Con más de 30 colectivos trabajando en el centro, el Casablanca se habia convertido en un centro de creación, de pensamiento crítico en el que se celebraban asambleas populares de barrios y reuniones de estudiantes, donde se impartían talleres de lectura, de costura, de construcción, de reparación de bicicletas, de informática... Donde se hacía teatro, yoga, baile, donde había una oficina de ayuda legal a inmigrantes, otra de apoyo a personas seropositivas... En suma, ayuda a formar individuos que ideas propias, algo contra lo que está luchando a toda costa este Gobierno.

La jugada le ha salido mal a Cifuentes. El modo en que ha gestionado el desalojo buscaba provocar altercados, enfrentamientos entre los antidisturbios de porra fácil  y los jóvenes del centro cultural. ¿Qué otra cosa buscaba sin anunciar de antemano el desalojo para que la gete pudiera abandonar el edificio por su propio pie? En su lugar, se presentó sin avisar, expulsando a los jóvenes y, lo que es peor, obligando a dejar allí todo el material que ha quedado confiscado, pues la inmobiliaria Monteverde, propietaria del inmueble, parece que no dará permiso a que entren a recogerlo.

Resulta vergonzoso que en un momento como este, el Gobierno no vea que a Cifuentes le queda grande el puesto. Claro, que en los puestos subordinados, y el suyo claramente lo es, siempre es cómodo para el que manda contar con gente obediente, aunque no piense, aunque no reflexione ni tenga autonomía. Y eso es lo que verá Fernández Díaz, digno heredero de los grises, en Cifuentes.

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