Expropiar al expropiador

España es un país de paradojas interesadas. Siempre lo ha sido pero, con el agravamiento de la crisis, las contradicciones dirigidas adquieren cotas inimaginables. La Constitución, ese texto sagrado al que nuestros políticos no se atreven a meterle mano -salvo para colar sin consultar al pueblo un techo de déficit y abrir la puerta a los recortes sociales (con denominación de origen PSOE)-, es la máxima expresión de estas paradojas. Se trata de un texto, de la “ley de leyes” como se decía cuando yo iba a la escuela, que no sólo se incumple sistemáticamente sino que, cuando alguien quiere hacerla cumplir, se arma el revuelo padre.

Miremos a Andalucía y la polémica medida de expropiar temporalmente viviendas vacías a los bancos que no les den uso. Dicho de otro modo, miremos a la Comunidad en la que se han atrevido a legislar a favor del derecho constitucional por una vivienda digna. Ya hay quien tacha la medida de “expropiación chavista”, como si eso fuera un agravio, por cierto… ¿Qué hay de malo en ello? En esencia, se trata de expropiar al expropiador que, además, es un moroso de tomo y lomo.

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