Cuando se tienen bombas nucleares de EEUU más cerca de lo que jamás uno pensó

El recrudecimiento de la guerra en Ucrania, con una nueva Guerra Fría como telón de fondo, ha traído consigo el rumor de tambores de amenaza nuclear –una guerra parece improbable, pero la carta de la amenaza ya se ha puesto encima de la mesa-. EEUU y Rusia de nuevo enfrentados, con una OTAN que en los últimos años ha ganado más peso, hasta el punto de que son muchos los analistas que sitúan a Poroshenko como una marioneta de la Alianza del Atlántico Norte.

¿Qué pinta Europa en este juego de envites nucleares? Mucho, pues los países que pertenecen a la OTAN son quienes cuentan con las ojivas nucleares con las que ésta amenaza a Rusia. Y es que, aunque las estimaciones hablan de que cerca del 80% del arsenal nuclear mundial lo concentran EEUU y Rusia, esto no quiere decir que se arsenal esté en su territorio.

Una inmensa mayoría de estas Armas Nucleares Tácticas (como se refiere a ellas) se desplegaron en 1952. Para hacerse una idea, entre 1952 y 1968 EEUU firmó 68 acuerdos nucleares unilaterales con nueve países de la OTAN. En 1978, 53 de aquellos acuerdos seguían en vigor... Y ello a pesar los sucesivos tratados de desarme nuclear, los famosos START (Strategic Arms Reduction Treaty).

En 2005, el Natural Resources Defense Council (NRCD) estimaba que EEUU tenía unas 480 armas nucleares en Europa, almacenadas estratégicamente en seis países: Reino Unido, Bélgica, Países Bajos, Alemania, Italia y Turquía (ver mapa adjunto). Por aquel entonces, Alemania era quién mayor arsenal nuclear estadounidense poseía con cerca de 150 bombas, seguido de Reino Unido con alrededor de 110 ojivas.

La mayor parte de aquellas bombas, como sucede en la actualidad, se encontraban en el norte de Europa, precisamente, de cara a un posible conflicto con Rusia. En el sur se almacenaban alrededor de 180 armas, por si surgía la necesidad de intervención en Oriente Medio. Aquellas 480 bombas representaban más del 80% de todas las bombas tácticas B61 activas del arsenal de EEUU, sin olvidar otras 436 bombas que estarían en reserva o inactivas, dispuestas a reactivarse si fuera necesario.

A día de hoy y aunque está información está clasificada, se cree con bastante certeza que de las 500 unidades de B-61 con que cuenta EEUU, entre 200 y 350 se encuentran en el Viejo Continente y, en concreto, en los cinco países anteriormente mencionados.

Las bombas se encuentran almacenadas en los denominados Weapon Storage and Security System (WS3), bajo tierra en los hangares de aviones. En 2005 había cerca de 204 almacenes en Europa con capacidad para 816 armas. El sistema de estos almacenes subterráneos de hormigón, plagados de sensores anti-intrusión, presenta un montacargas con el que es posible abrir la cavidad hormigón y elevar la bomba.

En cuanto a las aeronaves, los aviones más utilizados para los lanzamientos de estas armas son los de doble capacidad (Dual-Capable Aircraft, DCA) –fundamentalmente los Tornado alemanes e italianos y los F-16 de EEUU, Holanda y Bélgica-, y suelen estar asistidos por cazas polivalentes de apoyo y escolta llamados SnowCat. Sin embargo, el futuro parece venir marcado por el avión de combate más moderno en la escuadra estadounidense, esto es, el F-35 Joint Strike Fighter, que está llamado a ser el único caza con capacidad tanto para armamento nuclear como convencional.  

Más de medio siglo de B61 

La bomba B61 es la estrella de las ojivas nucleares de la Administración de Obama (foto superior de Rick Goodfriend - Federation of American Scientists). Desde que se comenzaran a producir los primeros prototipos en la década de los 60, -aunque EEUU lo introdujo oficialmente en su arsenal en 1979-, no ha dejado de producirse, llevando a cuestas ya una docena de versiones diferentes, cada vez con mayor precisión, seguridad y poder destructivo. Podría decirse que es uno de los buques insignia del Laboratorio Nacional Los Álamos de Nuevo México, y posteriormente serviría de base para la construcción de otras tres ojivas, la W80-0 (aire), W800-1 (mar) y la W85 Pershing II.

La última de sus versiones, la B61-12, convierte a la que era una bomba de gravedad transportable (también conocidas como bombas de caída libre) en una bomba inteligente. Los artífices de la mejora son Lockheed Martin, Raytheon y Boeing, que construirán el sistema de direccionamiento y puntería que la nueva bomba trae incorporado. Su denominación técnica es “subconjunto Tail B61 (TSA)” y es muy parecida a la que utilizan las Municiones de Ataque Directo Conjunto convencional (JDAM), aumentando extraordinariamente su precisión. En cuanto a su poder destructor, ya se habla de que el nuevo diseño estará a la ‘altura’ de su predecesora, la B61-11 de 400 kilotones –cuya principal novedad era su efectividad contra los bunkers- o la maxibomba B83 (1.200 kilotones).

Este mismo año, hacia el mes de marzo se supo que el despliegue de la B61-12 era más que inminente en Europa. De este modo, para el año que viene ya podrían integrarse en los cazabombarderos tácticos F-16 y Tornado de la OTAN, concluyendo el proceso entre 2017 y 2018. Para ello, antes de la integración plena de las armas, es preciso ejecutar toda una serie de actualizaciones de software en las aeronaves, así como pruebas de vuelo operacionales. Algunas fuentes aseguran que estas pruebas podrían haberse realizado y en países como Italia.

A fin de cuentas, informes de la Oficina Presupuestaria del Congreso de EEUU señalan que la estrategia nuclear de Obama, premio Nobel de la Paz en 2009, absorberá la friolera de 355.000 millones de dólares a lo largo de la próxima década (ahí se incluye el coste de la B61-12).  

Destrucción en menos de una hora 

A pesar de estos avances en material nuclear, el futuro no sólo viene marcado por este tipo de armamento. Las bombas convencionales también juegan un papel esencial en la estrategia de la Administración Obama, como demuestra el Sistema de Ataque Global Inmediato (Prompt Global Strike), que podría estar listo para 2020. Se trata de una red de misiles balísticos intercontinentales equipados con cabezas convencionales que permitirán alcanzar objetivos en cualquier punto de la Tierra en menos de una hora. Así lo describe uno de los informes que realizó este mismo año el Servicio de Investigación del Congreso de los EEUU.

Aunque es cierto que este mismo informe subraya que no se trata de un sustituto de las armas nucleares –sino que incrementará el poder de las convencionales- son muchos los que consideran que al menos las nucleares de bajo perfil sí verán su fin (más aún si sólo EEUU cuenta con el CPGS y sus rivales no).

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