La ONCE, ¿un diez en precariedad laboral?


“Llevo tres meses y la experiencia está siendo positiva, aunque tenemos unos objetivos de venta semanales y pocas veces los podemos cumplir”. Es Roberto, un vendedor del cupón de la ONCE que, embutido en su abrigo, monta guardia en una céntrica esquina de Madrid con su maletín de boletos, a unos escasos 100 metros de otro compañero.

No ha sido fácil llegar hasta él; antes, media docena de vendedores, temerosos, han preferido no hablar con la prensa sin dar ninguna razón que lo justificara, hasta dar con quien revela la causa: “¿Tú has hablado con la ONCE? ¿Tienes autorización para poder ir preguntando a los vendedores? Pues si no tienes autorización no hablo, que me puede ver un inspector. A la pregunta de qué podría suceder entonces, duda en responder y, tras insistir, confiesa “pues que me sanciona”.

Roberto, que como el resto de los vendedores participantes en este reportaje prefieren dar sólo su nombre de pila, habla de unos objetivos de venta de 2.100 euros a la semana y, “si no los cumplimos cuando llegamos al año, a la calle”, explica. Una cifra que prácticamente dobla a la estipulada en el Convenio Colectivo, que determina una venta diaria de 210 euros, es decir, 1.050 euros semanales (700 cupones de sorteo ordinario). Así lo aclara Adolfo, vendedor del cupón en Valencia y miembro de la sección sindical de CGT, que cuenta que “la ONCE te indica tu punto de venta, el horario y los productos que tienes que vender para alcanzar esos mínimos de venta”.

Patricio Cárceles, director general adjunto de Juego de la ONCE, aunque prefiere no citar el mínimo de ventas “porque acabamos de arrancar el año y lo estamos definiendo”, sí confirma que, “como cualquier otra empresa en España, la ONCE tiene fijados unos mínimos de productividad y si de forma objetiva es el trabajador el que no llega al mínimo, se aplica el Convenio Colectivo”. Las sanciones, explica Adolfo, “van desde días, semanas o un mes suspendido de empleo y sueldo, a un cambio de localidad donde vendes o, incluso, el despido”.

El director general adjunto de Juego no niega tal extremo, aunque sí matiza que previamente “se ven las causas del porqué de esa bajada de ventas, si es por la zona de influencia, porque, por ejemplo, se ha cerrado el supermercado de enfrente y se pierden todos esos potenciales clientes, etc.”.

Trabajar siete días a la semana 
Adolfo de CGT denuncia “cómo la ONCE ha aprovechado un 300% la reforma laboral que aprobó el Gobierno del Partido Popular, con contratos basura de media jornada por 350 euros al mes o contratos de tres años durante los cuales los vendedores cobran un 30% menos del salario que cobramos los demás”.

Desde la Organización, Patricio Cárceles niega tal extremo, asegurando que, “aunque no tengo la cifra exacta, de media jornada o de jornada reducida tenemos muy, pero que muy pocos, estoy absolutamente convencido”. El directivo afirma que “el empleo de la ONCE siempre es estable y de calidad y, de hecho, el 95% de la gente que comienza con la ONCE termina con contrato indefinido”.

Corroborando a Cárceles, se encuentra Juan Antonio, vendedor que va a cumplir 28 años con el cupón a pie de calle: “empiezo a las nueve y media, hasta las nueve de la noche, parando una hora y media para comer”. Juan Antonio está contento, es invidente y, por tanto, además de trabajador es afiliado a la ONCE, por lo que tiene derecho a ser vendedor. “Yo al ser afiliado, con contrato indefinido, no me exigen tanto como a los que han entrado nuevos”. En su caso, Juan Antonio fija el mínimo de venta que le piden “en 142 euros diarios, y a partir de ahí somos rentables a la ONCE y ganamos comisiones”.

Antiguo vendedor de la ONCE (ONCE)
Sin embargo, Adolfo cuenta que quienes no tienen esas condiciones, quienes “han de aceptar contratos basura, o no tienen suficientes horas para cumplir con el mínimo o necesitan ganar más comisiones, terminan por trabajar en vacaciones, días de descanso o festivos”. La ONCE atribuye estos casos exclusivamente a irregularidades de los trabajadores y no de la dirección, pero Adolfo asegura que “la ONCE pone los medios, los cupones y los TPV (Terminal Punto de Venta) para que se trabajen siete días a la semana”.

Varias inspecciones de trabajo así lo han puesto de manifiesto y de lo que presume Cárceles, “ese TPV, que es el sistema de venta electrónica más moderno del mundo y lo tenemos aquí en España”, se ha convertido en la clave para las denuncias. Un reciente informe de Inspección de Trabajo de diciembre del año pasado revela que la ONCE transgrede “las normas y límites legales pactados en materia de vacaciones de los trabajadores agentes vendedores examinados, quienes han continuado trabajando como así se refleja en los registros de actividad de sus Terminales Punto de Venta y en consecuencia, sustituyen parte del período vacacional por la compensación económica que les reportan salarialmente las comisiones por ventas de productos de la empresa”.

Desde CGT lamentan que las denuncias por este tipo de irregularidades sólo se estén produciendo en Valencia, Alicante, Madrid y Cataluña, que es donde el sindicato tiene representación. En el resto de provincias, Adolfo cuenta que el sindicato mayoritario es UTO-UGT, “que funciona como un sindicato amarillo”, esto es, controlado y dirigido por los intereses de los empleadores. “Cuando vas a firmar el contrato”, explica el sindicalista, “por defecto ya viene la afiliación a UTO-UGT y te dejan claro que sino firmas, tarde o temprano tendrás problemas”. Al respecto, el directivo de la ONCE se limita a apuntar que “sí, lo de amarillo sí se lo puedo asegurar, pero el amarillo de la ilusión de la ONCE”.

Competencia desleal 
Desde su esquina, Roberto lamenta el día flojo en ventas que está teniendo y se queja de la competencia que le suponen los bares, quioscos de prensa, estancos, etc. que también venden el cupón. Son los llamados “canales complementarios” con los que la ONCE ha ido incrementando los puntos de venta y que, si bien incrementan la cifra global de cupones, hacen aún más cuesta arriba cumplir con los mínimos de venta para los vendedores.

Desde la ONCE, su director general adjunto de Juego asegura que, “gracias a que tenemos un Convenio Colectivo tan garantista, no es posible que un canal complementario perjudique a un canal tradicional y, si se comprobara que sucede, se eliminaría”. La realidad, sin embargo, no parece ser siempre así y, por ejemplo en el caso de la venta en bares, el propio Cárceles, al tiempo que niega que se produzcan conflictos, precisa que “si ponemos a un vendedor y el bar de al lado ya tenía cupones o productos de juego de otro vendedor, se suele respetar porque eso ya estaba allí implantando anteriormente”.

Javier es un joven de 34 años que, arrancada la treintena, perdió prácticamente el 100% de la visión por una lesión ocular. Recuerda cómo “en la zona de influencia que me colocaron no conseguía llegar al mínimo y, encima, el bar de enfrente me quitaba ventas que iban a parar a otro vendedor que ni siquiera era de la zona”. Asustado por la sombra de las sanciones, decidió dejar cupones en el bar de un amigo suyo, en otro barrio.

No tardó en recibir la llamada de un inspector, o “gestor comercial” como prefieren llamarlo desde la dirección de ONCE, “amenazándome con que o retiraba los cupones o me los anulaban con el sistema telemático porque le hacía la competencia a un vendedor más antiguo”, cosa que finalmente sucedió a pesar de que, como afirmaba Cárceles, “la ONCE no suele intervenir a la hora de proponer un bar o restaurante, porque van surgiendo poco a poco con total naturalidad”.

Menos ciegos vendiendo 
“Cuando acudí el primer día a la entrevista de selección de la ONCE me sorprendió que lo primero que preguntaran es quién tenía carné de conducir y vehículo propio, relata Javier.

Quiosco de la ONCE hace décadas (ONCE)
Lo cierto es que de los alrededor de 20.000 vendedores del cupón que hay en España, un 55% ya no es invidente. A partir de tener un 33% de discapacidad ya es posible convertirse en vendedor del cupón, aunque desde la Organización no precisan los porcentajes de este tipo de empleados. El director general adjunto de Juego de la Organización no oculta que “estamos muy contentos con ello porque cada vez más la ONCE es sinónimo de solidaridad en conjunto”. Cárceles admite que “es posible que una persona que no es ciega venda más cupones, pero no se trata de elegir entre discapacitado ciego o no ciego, lo que hacemos es ajustar el punto de venta a la movilidad y a las capacidades de cada uno”.

Adolfo, en cambio, afirma que “precisamente lo que más interesa ahora mismo a la ONCE son trabajadores lo más sanos posible”, hasta el punto de asegurar que hay que llegar a las entrevistas diciendo que no te duele nada, para que no crean que vas a estar mucho de baja”. Roberto, por su parte, indica que tener vehículo propio es una suerte porque así no madrugas tanto y, además, resulta más fácil llevarte todo a casa”. Y es que tanto el TPV, como el maletín con todos los cupones como “el carro o el paraguas de dos metros y medio que me he tenido que comprar yo, te lo tienes que andar llevando y trayendo todos los días, porque no tenemos dónde dejarlo”.

Mientras, el director general adjunto de Juego de la ONCE, cuenta orgulloso cómo “entre 2008 y 2014 generamos 41.000 nuevos empleos estables”, una cifra positiva que cuenta, además, con la ventaja de que la ONCE está exenta del pago de la Seguridad Social de sus trabajadores. Al respecto, Cárceles niega que sea “un trato de favor” y, de hecho, precisa que “es injusto y es para preguntarse por qué no se nos aplica también, como al resto de los centros especiales de empleo, las bonificaciones del 50% del SMI (Salario Mínimo Interprofesional)”.

(Publicado en Público, febrero 2015)

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