Cómo evitar los efectos de las pistolas Taser


Las pistolas de descargas eléctricas, aturdidoras o Taser como también se llaman en referencia a su fabricante llegan a España con la oposición popular, dicho de otro modo, se imponen. Estas pistolas disparan dos dardos que, en realidad, funcionan como dos electrodos que utilizan nuestro propio cuerpo para cerrar su circuito eléctrico. Una vez que penetran los dardos en nuestro cuerpo, se produce una descarga de unos 50.000 voltios y unos pocos miliamperios, lo que provoca mucho dolor y la contracción de nuestros músculos, paralizándonos.

Esa es la clave de estas armas, que disparan muchos voltios, pero pocos amperios, lo que contribuye al aturdimiento pero, en teoría, no provocan lesiones graves. Los voltios miden el voltaje, es decir, la diferencia de potencial eléctrico entre dos puntos, como los agujeros de un enchufe, por ejemplo. Por su parte, los amperios miden la intensidad de la corriente eléctrica. Para entenderlo, si pensamos en una manguera, los voltios serían la presión con la que sale el agua, mientras que los vatios representarían la cantidad de agua que sale.

Sin embargo, el propio fabricante ha advertido de los ‘efectos secundarios’ (en realidad, son primarios) de estas pistolas, desde problemas respiratorios a irritación de la piel, quemaduras menores o lesiones musculares más propias de deportistas de élite. Los informes de organizaciones como Amnistía Internacional son más demoledores, documentando casi un millar de muertes a manos de estas pistolas Taser o pruebas científicas que prueban que se pueden provocar lesiones permanentes. Y es que, en un sujeto con problemas cardiacos o, sencillamente, que se encuentre bajo los efectos de algún estupefaciente, los daños pueden ser letales.

¿Podemos hacer algo para evitar estas pistolas Taser? Lo primero que debemos saber es que el rango de estas armas es de entre 5 y 10 metros con ciclos de disparo de 5 segundos. Así que la primera opción siempre será huir para salir de su alcance. Si nos alcanza en una zona con poca masa muscular, como pueden ser las costillas, la descarga perderá mucha efectividad. Por eso, por norma general, nos apuntarán al torso o al muslo, donde hay mucha masa muscular.

En este sentido y dado que la descarga se produce entre los dos dardos, cuanto más cerca esté un dardo de otro, menor sería la parte de nuestro cuerpo afectada. Por este motivo, si nos viéramos sorprendidos por un disparador de una pistola Taser y no tuviéramos posibilidad de huir o esquivar el disparo, una de las mejores opciones es acercarnos lo más rápidamente posible a la pistola, para evitar que cuando sea disparada los dardos se separen demasiado.

Si somos alcanzados, lo mejor es hacer un movimiento rápido de barrido, intentando desprender alguno de los dardos, lo que interrumpiría el circuito y estaríamos libres de descarga. Lógicamente, cuando seamos disparados por la espalda –algo, para qué engañarnos, nada descabellado-, esto será imposible.

Tejidos protectores

Uno de los grandes mitos para evitar este tipo de pistolas es vestir unos zapatos de goma: no servirá de nada, porque la corriente eléctrica no circula a través de tu cuerpo hacia el suelo, sino entre los dos dardos que han traspasado tu piel. ¿Y un traje de goma? Eso sí serviría, pero únicamente si es lo suficientemente grueso para evitar que los dardos lleguen a penetrar en nuestra piel.


Otra cosa bien distinta es hacerse con un chaleco antibalas o chalecos específicos que desde hace años se comercializan en Internet (ver vídeo superior). Por otro lado, sobre el papel, un traje de malla metálica como el que usan los buceadores que tratan con tiburones, no sólo impedirían que los dardos nos alcancen, sino que podrían incluso provocar un cortocircuito.
Así que podemos intentar construir nuestra propia ‘armadura’ anti-Taser, no tanto para impedir que nos penetren los dardos como para cortocircuitarlos. Bastarán prendas ajustadas a las que pegar con spray adhesivo un metal conductor, tratando de comunicar siempre con cobre las diferentes prendas (por ejemplo, unos pantalones o un chaleco). Al entrar en contacto con los electrodos, provocarán un cortocircuito.

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