Moreno Bonilla advierte que, si llega el lobo, se repartirá las gallinas
Ante la inminente celebración de las elecciones en Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla ha decidido jugar la baza del miedo. El líder del PP andaluz pretende empujar a la ciudadanía al falso dilema de otorgarle la mayoría absoluta o, como él dice, “el lío” de meter a Vox en el gobierno. Lo que el presidente de la Junta de Andalucía tiene claro es que se va a aferrar al poder cueste lo que cueste.
Moreno Bonilla es deshonesto. Afirma que "yo lo que espero, deseo, es no verme en ese trance y no tener que sentarme a negociar con Vox", pero puntualiza que “esa decisión es de los andaluces". El popular quiere trasladar la idea de que él va a ganar sí o sí las elecciones, tan sólo queda por despejar la duda de si gobernará o no con Vox.
La premisa es falsa por dos motivos: en primer lugar, porque existen alternativas de izquierda que pueden desalojarlo del Palacio de San Telmo. En segundo, porque, incluso si el electorado no le otorga la mayoría absoluta, la última decisión sobre abrazar a Vox es exclusivamente suya.
Moreno Bonilla se quiere sacudir esa responsabilidad y esa es una diferencia sustancial respecto a la izquierda. Cuando la izquierda ha agitado el miedo al fascismo para tratar de movilizar a su electorado, siempre ha tenido claro que jamás daría una sola concesión a la extrema derecha a cambio de tocar el poder. El presidente andaluz, en cambio, tiene claro que meter el fascismo en el gobierno no es su primera opción, pero si los números no le dan, se meterá en “el lío”.
¿Qué honestidad tiene un líder político que implícitamente admite cuán tóxico es Vox y, sin embargo, tira al tejado de la ciudadanía la pelota de que esa ponzoña perjudique a Andalucía? Ese odio que destila la extrema derecha ya ha llegado a Extremadura, donde por segunda vez María Guardiola ha metido en el gobierno a Vox. Al hacerlo, con esa burda “prioridad nacional”, PP y Vox sientan las bases de da la discriminación, del desprecio al diferente, rompe la convivencia.
¿De qué sirve presumir de moderado, como hace Moreno Bonilla, si afirma que si pierde la mayoría absoluta el próximo 17 de mayo "los andaluces tendremos un problema"? Entendiendo por ese problema que, aunque no quiera, pactará con Vox, arriesgándose como en Extremadura, Aragón y Castilla y León a meses de bloqueo hasta que pase por el aro de Vox, como ha hecho Guardiola.
Moreno Bonilla habla de lo que desea, de lo que espera… de cuál es su objetivo, "gobernar sin Vox, con mayoría y sin mayoría", pero no de lo que va a hacer si no le dan los números para disfrutar del rodillo parlamentario del que goza ahora. Él fue el primero en toda España que pactó con la extrema derecha para presidir la Junta de Andalucía sin haber ganado las elecciones. Sus antecedentes políticos dan pistas claras de que lo hará; por eso habla de “trance de tener que hablar con Vox”.
Mientras, trata de despistar a la opinión pública, aunque con ello tire por tierra la labor de sus colegas de partido como Guardiola en Extremadura, a la que califica de “los líos de otro sitio”. El presidente del PP andaluz denuncia que "Vox no tiene equipos para gobernar”, negándole “experiencia y trayectoria” y tachando a su programa de estar “muy alejado de la propia realidad”. Al sostener todo eso sobre la formación de Santiago Abascal, no sólo sentencia el nuevo gobierno de Guardiola, sino que él mismo camina al borde del precipicio si tras el 17M se sienta con Vox.
Un líder político que hablando de “exceso de literatura” resta importancia a la vulneración de la Constitución que PP y Vox han firmado en Extremadura con su “prioridad nacional” es un peligro para España en general y para Andalucía en particular.
El dilema no es si esta comunidad autónoma estará gobernada por el PP o por PP-Vox, sino si en lugar de esa Andalucía del odio, de las élites y de las prebendas a los más ricos en detrimento de los derechos de la clase trabajadora, la ciudadanía desea una Andalucía de amor, de solidaridad, de reparto de las riquezas y de servicios públicos universales y de calidad.
Moreno Bonilla no representa nada de esto último, ni siquiera se acerca. Si lo hiciera, no nos diría a quienes habitamos Andalucía que, si no le dejamos más remedio, se aliará con Vox. No advierte de que viene el lobo, sino que avanza que, si llega, se repartirán las gallinas entre los dos.
(Artículo en Público)

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