Una explicación filosófica a la toxicidad de las redes sociales
Francia se ha convertido en el primer país europeo y el tercero en el mundo -tras Australia e Indonesia- en aprobar la prohibición del acceso a menores de 15 años a redes sociales. España quiere seguir sus pasos. Parece un buen momento, y más en verano, para entregarnos a la lectura de la filósofa húngara Agnes Callard, profesora en la Universidad de Chicago, y conocer su teoría del unicontexto o contexto único. Quizás así es más sencillo entender por qué el mal se propaga con tanta facilidad en estas plataformas.
Las redes sociales llevan mucho tiempo siendo estudiadas. Hace años que se acuñó el término de ‘colapso del contexto’ para explicar cómo en estos espacios un determinado contenido es compartido y visible para audiencias que nada tienen que ver entre sí, como puede ser tu jefe, tu pareja, tu profesor y tu vecino. En cada una de esas esferas, nuestro comportamiento varía, pero al poner en común un contenido, esos límites entre identidades se difuminan. Además, algunas de esas audiencias pueden no entender el sentido de la publicación porque, precisamente, les falta contexto.
La visión de Callard y su concepto de contexto único plantea que, ante el colapso mencionado, tendemos a homogeneizar todas las normas de comportamiento, independientemente del contexto. Dicho de otro modo, el conjunto de reglas que rige siempre es el mismo. Esto no quiere decir que antes se actuara de manera hipócrita, sino más bien que las libertades o confianzas en determinados comentarios que uno adopta con un amigo no tienen nada que ver con las mantenidas con un jefe, por ejemplo. Lo mismo sucede con las interpretaciones de éstos ante una misma apreciación.
¿Por qué hay tanta maldad en las redes sociales, cuál es el motivo de que se hayan convertido, en gran medida, en un espacio tan tóxico? La filósofa lo atribuye en primer lugar, al contexto único y, por tanto, a la eliminación de la diversidad de circunstancias que antes guiaban nuestra conducta; y en segundo, a que la bondad suele depender mucho más del contexto que la maldad. Es lo que denomina el ‘sesgo de negatividad’, que viene a exponer que lo habitual es que lo bueno dependa de un contexto específico mientras que hay males universales como el dolor, la muerte, la violencia… independientemente de la circunstancia en que se den. Esto quiere decir que el mal es legible por cualquier audiencia, pero el bien no tanto, porque lo que para ti puede ser bueno -por tu contexto- para mí no.
Esto es explica, como indica Callard, que las audiencias dispares en las redes sociales encuentran más áreas de interés común y de diálogo en torno a aspectos negativos que a positivos. Por simplificar el argumento filosófico que plantea, se han eliminado los grises en las redes sociales, porque han reducido todos los contextos a un único espacio universal en el que rigen valores y normales universales. No hay lugar para los matices, todo parecen ser verdades universales y, como resulta más sencillo hablar de lo malo que de lo bueno, sumado a que el algoritmo lo potencia, se genera la tormenta perfecta.
En este nuevo escenario de contexto único, cada vez pesa más la identidad que el carácter. La razón es sencilla, la identidad siempre es la misma, independientemente del contexto en el que nos movamos, si uno es varón, español, gay y ateo, lo será en todas las circunstancias. El carácter, en cambio, requiere de conocer el contexto, pues implica la gestión emocional de nuestras reacciones en diferentes circunstancias. Para entender el carácter de alguien, necesitamos mucha información de esa persona y haberla visto actuar en diferentes situaciones. De ahí que el carácter en el espacio universal de las redes sociales no encuentra su lugar.
El ansia por acumular seguidores termina ensanchando este contexto único con audiencias dispares e, irremediablemente, desemboca en que las personas terminan ofreciendo versiones simplificadas de sí mismas o, de lo contrario, se exponen a la crítica porque siempre habrá audiencias que no alcancen a comprender al carecer de toda la información, del contexto. En un momento, como el actual, en el que no son pocas las personas que evitan contrastar informaciones, que opinan a golpe de titular y que propagan bulos, la toxicidad está más que servida.
Esta teoría del contexto único es lo que explica por qué lo tóxico y la maldad se propagan con más facilidad por las redes sociales que los asuntos más positivos. Claro que hay excepciones y se pueden encontrar fisuras en este planteamiento, pero lo que no puede negarse, siempre con permiso de las malas artes de los algoritmos en manos de ‘los señores del mal’ de las tecnológicas, es que el planteamiento de Callard tiene mucho sentido.
(Artículo en Público)

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