"Somos peligrosos: hacemos pensar"


Mujer, 33 años, madre de cuatro hijos, desempleada, sin casa y sin ayudas del Estado. Esa es Tammy Samede, la activista de Occupy London que ha convencido al juez del Tribunal Superior de Londres para permitir al campamento de indignados permanecer durante las Navidades en el edificio propiedad del banco suizo USB que ocuparon el 18 de noviembre, uno de los cuatro lugares elegidos por el movimiento, simbólicamente asentado en la plaza de Saint Paul. El tribunal ha concedido a los manifestantes el tiempo que necesitan para elevar el caso al Tribunal de Apelaciones. La audiencia no tiene aún fecha, pero se celebrará previsiblemente este enero.

El coste legal del proceso, publicado por la City de Londres, asciende a 200.000 libras (más de 230.000 euros). La cifra no asusta a la joven elegida por la asamblea general de Occupy London para representar al movimiento, pese a su inexperiencia jurídica. Samede, que se declaraba "esperanzada, tremendamente entusiasmada con la idea de poder defender este movimiento pacífico", no ha planteado la estrategia como una defensa propiamente dicha. "Este juicio no trata de la ocupación de Saint Paul, de lo que se trata es de silenciarnos, de hacernos callar", decía en vísperas del juicio, que tomaba como "una oportunidad para que nos escuchen de una vez por todas, algo que hasta ahora no han hecho".

La decisión judicial aleja, o al menos pospone, la sombra del desalojo, que planea cada vez más sobre el campamento y en otros puntos de la ciudad han comenzado a tomarse medidas. Es el caso del denominado Democracy Village, situado en la Plaza del Parlamento desde 2010. Las autoridades de Westminster, haciendo uso de la Reforma Policial y de Ley de Responsabilidad Social aprobada en septiembre, que permite la confiscación de cualquier bien en caso de desobediencia, van a aprobar una ordenanza que penalizará con multas de hasta 500 libras y la retirada del material de acampada a todo aquel que no abandone la plaza en marzo de 2012. Una ley, según Samede, que "parece un ensayo para aplicarla después con nosotros, pero no servirá de nada".

(D.B.)
La defensora del movimiento se muestra sorprendida y ofendida, tras el reciente informe de la Policía de la City de Londres, en el que se tachaba al movimiento de "terrorista", situándolo al nivel de las FARC en Colombia o Al Qaeda en Pakistán. "Somos un movimiento social pacífico que busca un cambio, algo que ningún Estado debería de ignorar". Samede admite que "el Gobierno tiene motivos de sobra para estar preocupado, somos peligrosos porque hacemos pensar y reaccionar a la gente".

La activista denuncia cómo la Corporación de la City ha articulado una campaña de desprestigio y presión contra el movimiento. "Somos una comunidad pacífica y organizada, que limpiamos a diario, reciclamos y nos autogestionamos gracias a las donaciones que los propios trabajadores de la City nos hacen, porque ellos mismos detestan a los banqueros", declara. Así, tacha de "mentira" que "la City se haya gastado hasta la fecha 15.000 libras, como asegura, en la limpieza de Saint Paul".

Apagón informativo
A ello se suma, además, "el bloqueo informativo de que estamos siendo objeto", advierte Samede. "Sólo salimos en la prensa cuando se producen conflictos, parece que ser un movimiento pacífico no vende periódicos". La activista relata cómo "hemos enviado nuestro manifiesto a todos los medios y no lo ha publicado ni uno solo, el apagón mediático en ese sentido es absoluto".

Al ser preguntada por el inesperado apoyo en caso de desalojo de la catedral de Saint Paul, Samede tuerce el gesto: "Soy cristiana y como tal, apelé al obispo para que apoyara la causa, pues los valores que defendemos son de igualdad y justicia". Sin embargo, la activista considera "poco cristianas" las últimas acciones de la Iglesia. Se refiere al corte de suministro de la fuente pública de la plaza, de la que los acampados tomaban agua limpia para beber y asearse.  

(Ben Cavanna)
"Cuando preguntamos al ayuntamiento por el corte, nos dijeron que este se realizaba cada año para evitar problemas de congelación de las tuberías", explica. Los acampados se dirigieron entonces al obispo para "ver si nos podían dar agua limpia en la iglesia, pero nos la negaron alegando que tenían que pensarlo". Dos días después, afirma Samede, "nos dijeron que ellos también cortaban todos los grifos con la llegada del frío".

El campamento de Saint Paul va camino de cumplir los dos meses, con la Acampada de Sol en boca de todos sus miembros. Lejos de caer en el desánimo, parece tener más fuerza que nunca, apostando por extender la ocupación a cualquier lugar: "Ya hay más de 40 ocupaciones en todo Reino Unido; es un movimiento global que exige cerrar la brecha existente entre ricos y pobres", argumenta Samede. Al preguntarle si vislumbra cuándo terminará la acampada, contesta tajante "cuando consigamos el cambio". ¿Y si no? "Seguiremos luchando".

(Entrevista en Público, diciembre 2011)
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