La España rota y desconectada que rebosa turistas

 

La estación María Zambrano de Málaga. - ADIF

Málaga se encuentran en situación de emergencia: desde el 18 de enero sufre una “desconexión total con el resto de España”. Es imposible acceder a la provincia, desde cualquier punto del país, por tren, carretera, mar o aire. Imaginen la situación de desabastecimiento tras casi dos meses de “desconexión total”… ¡Ah, no! Que esta afirmación tan sobreactuada del consejero de Turismo, Arturo Bernal (PP), sencillamente, es falsa. Lo que sucede es que el AVE Málaga-Madrid sólo llega hasta Antequera y los últimos 50 kilómetros es preciso recorrerlos en autobús.

El último tren de borrascas puso la guinda a los cortes en la línea de AVE tras el accidente de Adamuz: un talud se desprendió invadiendo la vía férrea y los trabajos para restablecer el funcionamiento no han concluido. Vaya por delante que el correcto funcionamiento de esta línea de alta velocidad es más que deseable para Málaga, pero de ahí a afirmar que ésta sufre una “desconexión total” no sólo hay un trecho, es que es mentira. Claro, que si fuera verdad todo lo que sale por boca de políticos del PP sería sorprendente que se pudiera viajar a cualquier punto del país, con lo rota que está España.

Con la salvedad del trasbordo en autobús desde Antequera, es posible llegar a la capital de la Costa del Sol en tren; en avión, tras un nuevo año de récord de llegadas al aeropuerto malagueño; por barco, como prueban los cerca de 300 cruceros al año que atracan; o, incluso, por carretera, en vehículo propio o, aunque para Bernal seguramente sea cosa de mugrosos, en autobús.

A pesar de las múltiples opciones para llegar a Málaga, andan políticos y empresarios llorando por las esquinas, inflando las cifras millonarias de pérdidas económicas para una ciudad que, sin embargo, es un auténtico hervidero en plena celebración del Festival de Málaga. ¡Qué cosas! ¿De dónde habrán salido todas estas personas que abarrotan estos días la ciudad, incluidos los artistas que promocionan sus películas? ¿Acaso tienen acceso a algún ingenio de teletransportación que el populacho desconoce?

El presidente Juan Manuel Moreno Bonilla (PP) aseguró el pasado lunes en un programa de televisión que las pérdidas se situaban en 200 millones de euros. Mintió… también en eso. Esa es la cifra de pérdidas que calcula la patronal hotelera para Semana Santa en caso de que para entonces no esté restablecida la línea de alta velocidad. No se ha producido aún tal cosa, aunque en cuestión de tiempo la Junta de Andalucía ande un poco desnortada, adjudicando obras 45 días después del inicio de los trabajos.

Fue uno más de los bulos y manipulaciones vertidas durante la emisión de aquel programa cuyo presentador se empeñó en mostrar el lado humano de Moreno Bonilla mientras en Andalucía sufrimos el perfil inhumano, con las mayores listas de espera en la historia de la Sanidad Pública andaluza o con 20 personas muriendo al día esperando su prestación de Dependencia.

Volviendo al tema que nos ocupa, esa cifra de 200 millones es engañosa, pues implica pérdidas sobre unas ganancias disparadas por unos precios desorbitados que han provocado un desplome del turismo nacional. Hablando en plata y como sucede en otras tantas ciudades españolas, la hostelería se ha subido a la parra. Se extiende por toda España, especialmente en los puntos más turísticos como Málaga, el hecho de que viajar nunca ha sido más barato y, sin embargo, cuando se llega a destino, tanto el alojamiento como el ocio tienen unos precios disparatados.

Este fenómeno impacta en la población local, pues el turismo de masas termina por expulsarla de sus hogares, reconvertidos en pisos turísticos en manos de especuladores. Incluso quienes aguantan en su ciudad con resistencia numantina, padecen la escalada de precios concebidos para consumidores con rentas muchas más altas, pues los salarios malagueños están a la cola de la media española.

Lo cierto es que disponer de normalidad en el servicio del tren de alta velocidad es positivo, pero no debiera invitar a sobreactuaciones como las del consejero de Turismo porque la realidad le enmienda siempre la plana. Pese al modo en que Málaga ha sido despojada de su alma por la especulación y la turistificación que ha promovido su alcalde –igual que sucede en otras grandes ciudades-, sigue contando con atractivo suficiente para seducir a millones de turistas.

Moreno Bonilla se permite el lujo cínico de hablar de “polaridad” en horarios de máxima audiencia de televisión, criticándola y presentándose como el remedio moderado, mientras sus consejeros promueven la crispación planteando situaciones irreales. Flaco favor hacen a la política en general y a Andalucía en particular.

Como sucede estos días durante el festival de cine, Málaga rebosará gente durante la Semana Santa, con las mesas de los bares y restaurantes llenas y con lista de espera pese a unos precios que, en poco tiempo, se han duplicado o triplicado. La realidad es que quienes hoy dramatizan volverán a llenarse los bolsillos mientras no repercuten esas ganancias en los trabajadores y trabajadoras de la hostelería ni, mucho menos, en la vecindad, la poca que queda. 

(Artículo en Público

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